8 dic. 2008

Il pagliaccio.

Hola, soy Cebollita, el payaso más guapo y carismático del mundo y este es lo que pasa en uno de mis días (De trabajo, no mamen).
Trabajo en el circo Royal, todas las mañanas sin excepción me despierta el sonido de las fuentes de poder y el carro del sonido que a lo lejos se escucha algo así:
¡Papás, traigan a sus hijos, hijos, traigan a sus papás, al gran Royal circus!
Después de eso acompaño a Juan del diablo y a Camilito al mercado por el desayuno, normalmente compramos decenas de teleras para hacer tortas, o a veces tres docenas de huevos, dependiendo del dinero que nos de Don Hernández, el hijo y heredero de Don Amado, presentador y fundador del circo allá por los 30’s, cuando El Royal era el mejor circo.
Una vez desayunado, me escapo con Dulcinea, mi novia, quien es trapecista del circo, nos damos unos chicos besotes con los Elefantes, Camellos y Caballitos como testigos, nos hemos dado cuenta de que les gusta vernos.
Después de eso tengo que alimentar a Juana, Mimí y Augusto (Paquidermus enormus arrugadus) y a Cheetara, Reyna y Ricardo (Leonus cabronus asesinus), Cheetara está quedando rete bonita, después de la sarna de la que fue víctima, su pelaje vuelve a estar suavecito y pachoncita.
La jornada continua, barrer las gradas, echar aserrín en los pasillos y pistas, preparar el vestuario y revisar los amarres del trapecio, aquí si debo echarle ganas, si no me quedo como payaso sin circo y eso del que el show debe continuar pierde todo sentido.
Después viene la hora de alistarse para la primera función, me meto a mi camerino, junto a Juan del diablo y Camilito, es hora de ponernos más guapos todavía, saco de mi buró el estuche de maquillaje que usamos para cubrir nuestros rostros, Camilito va por nuestros trajes para revisar que no tengan desperfectos, y Juan del diablo limpia nuestros enormes zapatos, y la primera llamada hace su aparición.
De niño siempre veía a mi tío Chaparrín aplicar el maquillaje a sus colegas payasos, desde entonces me enredó el arte de pintar emociones en rostros, y a la fecha mis compañeros payasos me piden que los pinte, y así me encargo de borrar sus emociones propias y crear personalidades chuzcas, torpes y chistosas.
La primera función comienza, Sale Don Juan, presentador, elegante, smokin negro, sombrero de copa y un bastón con el que presenta cada uno de los números. El primero en salir es Esteban, el domador de Leones, es quizás uno de los números que más me gustan y soy un admirador más de Esteban, me llevo muy bien con los mininos, pero por más que intento yo no puedo hacer que salten por aros en llamas y tampoco tengo los gumaros para meter mi cabeza en sus fauces, Que el Dios de los payasos me libre.
Siguen los números animalescos con el show de los elefantes que salen agarrados de sus colitas, llegan a la pista y saludan al público, ese es uno de los momentos más emotivos del espectáculo circense, yo recargado en una cerca los veo con puño en mentón fascinado ante la grandeza de esos chicos animalotes, me olvido por completo que mi tío murió aplastado por un Elefante, conocía a aquel elefante y era uno de los más nobles que he conocido en mi vida, no fue su culpa.
Después el número de los paquidermos termina, entra don Juan y presenta el que a decir de él es su número favorito.

Los payasos.
Y con ustedes, Cebollita, Camilito y Juanito del Diablo.
Inicia la pista chusca y alegre que anuncia nuestra entrada y cruzamos la puerta caminando como solo un payaso con zapatos enormes puede hacerlo, es un momento incomparable, los reflectores, la música de fondo, el silencio de los asistontos asistentes, todo comulga para que yo, un simple ser humano con una pareja de colegas vendamos carcajadas, felicidad momentánea y representemos una válvula de escape para adultos que se olvidan de sus problemas diarios al ver y escuchar las risas de sus hijos, esas por las que trabajan y que tanto adoran, por 15 minutos cada 3 horas soy realmente libre y hago lo que mejor se hacer y olvidarme de todo a mi alrededor- menos de mi Dulcinea-. Hacer reír a la gente.
Termina nuestro número y salimos corriendo como solo un payaso con zapatos enormes puede hacerlo.
Mis colegas se van y yo vuelvo a mi cerca, el siguiente número es el de Dulcinea, y mi payasa alma pende de un hilo cada vez que la veo oscilar de un lado a otro. Siempre que su número termina vuelvo a nacer, por eso soy tan guapo y no envejezco.
Termina su show y vamos a ver a los animalitos, ah y también nos besamos.
Esto se repite por tres veces al día, es exhaustivo, pero no me parece monótono, la gente de circo vive de las carcajadas, alegrías, impresiones y aplausos del respetable público, eso es un incentivo suficiente para hacerlo divertido y emocionante.
Soy Cebollita y así pintan mis días circenses.

6 comentarios:

Pinche Vieja dijo...

¡¡Vengan a ver a Narciso, el payaso!!

No gutan los circos :s

Aunque me deja la sensación de que por ahí anda el meollo de una verdadera vocación -de él, no la tuya-.

Solo puedo pensar en Apolo :b

Jolie: dijo...

pues que payaso! esta para llorar... uien jodidos se pone cebollita! jaja

Pretencioso y Villamelón. dijo...

siempre he pensado que todos somos payasos por momentos, cuando la caída pierde altura hay que ponerse la máscara y reír de dientes pa'fuera, aunque por dentro no tengas ganas.

y sí, cebollita es un mal nombre.

Q. VDk-tita dijo...

:<
hubo un circo en el pueblo
cuando estuve de paso. pero como de 100 a 150. es un pueblo. :O y ya casi todo el dinero estaba gastado con otro espectaculo. como en el primer dia casi nadie fue le bajaron a 100 y 50. mmm el circo compraba perros a 50 pesos, para darselos a los animales de comer, y vivos!!!! VIVOS!!!!

tengo mucho tiempo sin ir a un circo, y la vdd no me agradan,. Creo que el tiempo magicco se ha acabado en mi. :P

Rich. dijo...

Vale, vale, es cierto, cebollita no es un buen nombre, ni purrum.
Tambien es cierto que force la historia y gran bla.
Mi idea me gustó.
Vodka: comprando perros jajaja, vivos!
Llega una familia como 5 perros y sin 500 brs para la entrada.
Ummm... Idea.

NTQVCA dijo...

Uy Cebollita, cuando voy al circo me deprimo, cualquier detalle mal puesto me causa una tristeza terrible. Peroooo, lo unico que disfruto son los payaso, y me rio mas que culquier niño de los que anden por ahí.