14 dic. 2008

Las Primeras Luces

Cipriano no quiere despertarse, está lloviendo, es muy temprano, tres treinta de la madrugada. Su cara tiene la marca del tequila que bebió anoche. Sale de su casa, con frío. Camina por el empedrado, cuesta arriba, cuadras de empedrado y agua en abundancia. Camina a oscuras. No sabemos en qué piensa Cipriano, pero podemos especular: No le está gustando la lluvia; está ansioso por llegar, ¿adonde? No lo sabemos, piensa en la resaca que tiene, quiere dormir. Un movimiento de su brazo nos da una pista, se quita el exceso de agua de sus ojos, al tiempo que hace un gesto de repulsión. A Cipriano no le gusta la lluvia. Por su aspecto sabemos que es un hombre de campo, entonces pensaríamos que es una incongruencia que le desagrade la lluvia, pero son solo especulaciones. Sigue caminando, aunque no sabemos hacia dónde ni a qué. El cubretodo que se puso antes de salir de su casa nos impide ver qué trae debajo, pero en definitiva lleva algo consigo: un bulto a su costado izquierdo lo denota. Saca un paquete de cigarros, del bolsillo derecho, y le cuesta trabajo encender uno debido a la lluvia. Otro gesto de repulsión. Cipriano maldice. Maldice a la lluvia, a la noche, a la pendiente pronunciada que está recorriendo. Hasta ahora nos cuesta un poco de trabajo entender por qué Cipriano se despertó tan de madrugada, aún sabiendo que llovía ─llueve─, a no ser que se dirija hacia un rancho lejano a trabajar, pero por lo que se ve no va hacia el valle, sino a la sierra. Puede ser que Cipriano trabaje en un aserradero, puede ser. Se acerca a una casa que está al final del pueblo. Se agacha y coge una piedra, la arroja hacia la puerta, se limpia el lodo de su mano derecha en el cubretodo, confirmamos su desagrado a la lluvia ─pudiera ser que también a la noche, o a la desmañanada─. Espera unos segundos. Coge otra piedra y la arroja al tiempo que pronuncia dos nombres, Toño, Jelipe. Cipriano está enojado, no le gusta esperar. Toño y Jelipe salen. No saludan, no le hacen ninguna seña a Cipriano, el cual, con el rostro empapado y el ceño fruncido, exclama: "Con una Chingada, ustedes..." Toman el rumbo hacia la sierra. Por lo que apreciamos, los tres caminan sin caminar, fuman sin fumar. Es como la respiración, se produce sin pensar. No sabemos en qué piensan. Tal vez ni estén pensando, simplemente van con la inercia. Pudiera ser que día tras día, al no hacer cambios, invariablemente se cae en la rutina, en sus caras de hastío se les ve. Llegan, después de caminar sin caminar, a un paraje donde se localiza un tractor. Aquí, Cipriano nos cambia el pensamiento. Llegamos a imaginar que Cipriano es un leñador, o que trabaja en un aserradero, pero el tractor nos devuelve al estereotipo de campesino, solo que aquí entra otra duda: las lluvias. No es tiempo de arado, como tampoco es tiempo de cosecha. Habrá que ver el uso del tractor. Quizás nos estemos aventurando mucho. El tractor es simple y sencillamente un medio de transporte. Quizás. Los tres se suben a la maquina de uso agrícola. Jelipe o Toño, no sabemos cuál es cuál, maneja. A Cipriano, que va sentado detrás, le molesta el bulto que trae a su costado izquierdo. No es que hubiéramos interceptado los pensamientos de Cipriano, sino que la cara húmeda de descontento, y el continuo acomodo y reacomodo de su costado izquierdo nos lo indica. Llegan a una intersección con la carretera. Jelipe o Toño, no sabemos cuál, detiene el tractor. Los tres, como si fueran autómatas, realizan diferentes actos. Cipriano sustrae del tractor unas cuerdas y se las avienta a uno de los dos, Jelipetoño, o Toñojelipe. Éste las recoge y con ellas amarra unos troncos, mientras que el otro pone en reversa el tractor. Aquí de nuevo se nos viene a la mente el trabajo de estos tres: leñadores. Pero son solo especulaciones. Cipriano le grita al del tractor, "Muévelo, dale... dale, ya saliste". El tractor avanza unos metros sobre la carretera para detenerse justo treinta metros antes de una curva. Cipriano y el otro, van detrás de él. Colocan los troncos sobre el asfalto. Los acomodan atravesados para impedir el paso de cualquier vehículo de motor. Cipriano, Jelipe y Toño se sientan sobre los troncos. Cipriano saca de su costado izquierdo un arma, una escopeta recortada. Cipriano, fumando y bajo la lluvia, está esperando el primer par de luces que den vuelta por aquella curva.

Carlos Martín
Julio 2003

5 comentarios:

Jolie: dijo...

y pensar que conforme iba leyedo pensaba en el Buen Cipriano como esos hombres de manos calludas, brazos corriosos, miradas perdidas entre frios y el vaho de la madrugada, como esos buenos hombres dedicados a la manufactura y construcción de edificantes moustros que hoy en dia en las ciudades nuestras abundan...

como cambian las cosas entre lineas, Cipriano, Jelipe y Toño seguro son consecuencia de la realidad de hoy en día. Pero estoy especulando

Sr. Director saludos desde el departamento editorial :P

Annabel dijo...

Al principio pensé: agreguémosle unas horas más de sueño y parece el principio de mi día.

Después dejé de imaginar un desenlace para pensar en las escenas.

Me gustó, me atrapó y me sosprendió.

Mucho bonito esto :)

Rich. dijo...

No me lo esperaba, es un buen texto, aunque demasiado de Jelipe y Toño para mi gusto.
Buen texto.

NTQVCA dijo...

Vaya Direc, me hizo olvidar de todo excepto de lo que leía, sorpresivo final.
Sabemos que puedes ser que el Director este tras de esto.

Générique dijo...

Muy interesante y con buen ritmo. No es posible adivinar el final sino hasta unas cuantas líneas antes del desenlace.

Lo único que lamento es la falta de fé en el punto y aparte. ¿Es realmente útil o necesario escribir todo en un bloque, sin mayor estructura?