26 may. 2009

Joselito y la Princesa Bogotana.

 “Vino, mujer y tabaco, dejan al hombre flaco”:
Joselito quería abandonar a su mujer para huirse con una elástica y bien proporcionada artífice del tubo, una muchacha colombiana veintiocho años menor que él, que hasta entonces ni enterada estaba que tenía en Joselito a su más ardiente admirador. El voyeurista Romeo comenzó a gastar fortunas en el dancing-hall, rindiéndole tributo a quien salía disfrazada de Robotella, la esclava hetaira espacial que conforme se iba despojando de sus ropas dejaba ver en technicolor el encanto y sensualidad juvenil de un cuerpo mulatongo que se antojaba a gloria. Además las hábiles piruetas por el tubo y las rodadas por el entarimado como una agraciada croqueta traían de un ala a Joselito, quien comenzó a dejar propinas siderales, de ahí las flores y, erróneamente, la joyería, lo que rápidamente llamó la atención de la Julieta caribeña y, por supuesto, de su alcahuete.
“Cuando digo que la mula es parda es porque tengo los pelos en la mano”:
La meretriz del cáñamo-de-acero-bien-pulido (tubo), bajo recomendación de su celestino a sueldo, siguió dándole vuelo al babeante Romeo, comenzando así los encuentros furtivos afuera del congal. No tardó Joselito en demostrarle su amor à la American Express: cuentas de restaurante lujoso, escapadas furtivas al nido de amor de cuatro estrellas (y una luna nublada), champaña al cuarto, champaña al estacionamiento y hasta los consabidos osos de peluche en tamaño natural cada semana.
 “La mujer honrada y la pierna quebrada, en casa”:
La esposa de Joselito era una mujer honrada, por lo tanto siempre estaba en casa. Pero llegó el momento en que abrió un estado de cuenta: no podía creer tantos dígitos gastados en el pecado. Se arrancó los pelos de la peluca y amenazó con tirarse del puente más cercano, que la verdad le quedaba lejos (y más yendo a pie, pues Joselito traía el auto). Mientras tanto tomó decisiones drásticas de mujer despechada/honrada, y le habló por teléfono a toda la familia para acusar al rampante Romeo, incluyendo a un primo de Joselito que vivía en Laredo en una granja para indispuestos mentales. 
“El hombre es fuego y la mujer estopa, viene el diablo y le sopla”:
Delirante, ella lo espera tras la puerta portando un cebollero mal afilado. Joselito llega de trabajar “horas extras” y es sorprendido por su mujer, que se le avienta al cogote. Tras el desgreñe habitual en estos casos, Joselito logra alcanzar el florero dinastía Ming, regalo de la bisabuela, que es utilizado como pacificador en la cabeza a su bienquerida.
 “La tentación hace al ladrón”:
Joselito se muda a un hotel de mala muerte. Planea robarse a la Princesa Bogotana para sacarla de la mala vida. Su endeudamiento es cada vez mayor y ha roto relaciones con sus amigos que lo tratan de ayudar: ¡se trata de una putita!, dicen a coro, un termino más oficial a la hora de los cocolazos. Pero su obsesión por la versada en cilindros-mágico-eróticos-en-vertical (tubo) es tal que comienza a vestirse ridículamente juvenil, un tatuaje con el mapa de Colombia en el brazo y un arete en la oreja tipo corsario desempleado, tan grande como su estúpida sonrisa. En un arrebato de inspiración cretina, Joselito inscribe a la suripanta en la escuela de periodismo de donde él mismo salió con la finalidad de domesticarla. La muchacha comienza a tener miedo.
“Más vale verle la cara al juez, que al sepulturero”:
Joselito es despechado por la Julieta tropical, que lo manda a freír espárragos por perturbado. El atolondrado Romeo vive su infierno, suda todo el día, no duerme y hasta ha dejado de comer chilaquiles, su plato favorito. En la desesperación, y de un violentísimo tirón, se arranca el arete de la oreja. Tras horas en la sala de emergencias para limpiar herida y suturar oreja, Joselito termina llorando a moco suelto cuando le ponen la vacuna del tétanos.
Sin embargo aquello es como una droga y el desquiciado Romeo se convierte en acosador sexual de tiempo completo. No tarda el proxeneta en presentarse con él. Se trata de un mulato gigantón que responde al nombre de Carmito y que además es un excelente bailarín de Salsa. Invita a dar un paseo en su camioneta a Joselito, quien le alcanzan a rezar más de diez Padrenuestros en el trayecto adentro de la cajuela.
“El que se acuesta con perros, con pulgas se levanta”:
Ya en pleno cerro, Carmito, versado también en los quehaceres del jiujitsu, le rompe a Joselito un par de costillas, un brazo, una pierna y le deja el hocico y los ojos con tantos colores como tiene el arco iris, con una fuerte inclinación hacia los tonos morados.
Cuatro meses de incapacitación sosteniendo la mentira de que a Joselito lo arrolló un tranvía (que ya no existen). La esposa lo perdonó con la condición de que durmiera en el cuarto de la sirvienta por un año. Hasta la fecha sigue pagando con altos intereses la American Express.
Moraleja:
“Cada quien tiene su modo de matar pulgas” o “Con los tarugos ni bañarse, porque pierden el jabón”.  
  Gerardo Australia.

6 comentarios:

Rich dijo...

Yo alguna vez soñé con sacar a una puta del congal y llevarmela a vivir a Praga o Estocolmo, lejos de su padrote grande, mamado y cabrón.
Pero no he tenido dinero para hacerlo.
Tu historia es buena, lástima que no se me ocurrió antes. :P
Bienvenido, Gerardo.

NTQVCA dijo...

Gerardo ¡wow!, me has dejado muda. Sin barberismos, cada uno de los refranes utilzados magistralemente.
Me declaro tu fan en adelante.

MauVenom dijo...

Muy bien hecho el texto, me gustó el ritmo constante y atractivo

y buena idea para usar los refranes

Buenas Crudo, mucho gusto.

Casi siento pena por el Joselito.

elbipolar dijo...

"Excelente, maestro. Genial lo del tatuaje de Colombia... me oriné de la risa.
Bienvenido", dicen que dijo el Director.

tnf25 dijo...

Vaya modo de usar los refranes!!! genial!

Mara Jiménez dijo...

¡Ritmazo de texto!Se puede leer y bailar cumbia al mismo tiempo. Que bien , de verdad, no sé porqué no lo había visto antes acá con los cuenta letra. Gerardo, me encanta tu ironía y sarcasmo, he disfrutado infinitamente la lectura. Gracias!!!