21 nov. 2008

Los zapatos de la de la falda.

Ayer pasó como ha pasado cada viernes por los últimos dos meses. Me pidió que le ayudara con no se que cajas atrás de su tiendita. No se por que la gente como él siempre tiene nombres como Abundio; y no se para que me pide que le ayude si al final ni una caja cambia de lugar. Siempre va con lo mismo, que me levante la falda, cierre los ojos y cuente hasta cien. No importa cuantas veces le diga que no me molesta, siempre ha de tener el pendiente de que si estoy cómoda. Me deja agarrar lo que quiera de la tienda sin pagar, así que está bien.
Pero ayer pensé algo que no se me había ocurrido. Tal vez al principio siempre reaccionamos lento y por eso me tarde dos meses. Después de salir de la tienda fui a casa del papa de Pepe. El señor lleva como cinco días sin trabajar por que se rompió una mano en el trabajo, o eso dice. Siempre me sale con que me estoy poniendo bien guapota y que voy a traer locos a todos en unos años. Le pregunté si me dejaría usar su bicicleta si me levantaba la falda. Creí que no hacía diferencia pues el no puede usarla con la mano como la tiene. Yo cierro los ojos y cuento hasta cien, bueno, doscientos. Después de un rato se decidió. Me regaló la bici con la condición de que lo visite cada lunes. El miércoles fui en la bicicleta hasta casa del maestro Renato para pedirle que me ayude con las calificaciones. Voy mal en historia. El maestro Renato no quería ni que contara hasta cien o doscientos. Quería cinco minutos y me ayudaría con las otras dos materias que enseña. Así los dos enseñamos y aprendemos, me decía.
Ahora son cuatro meses desde el día que el señor Abundio me ofreció remendar la falda roja que me había regalado mi mamá. En la escuela tengo cuadro de honor; con lo que me llevo de la tienda y lo que me dieron por la bici me compré una motoneta.
Ahora ya no tendré que pedirle al mañoso de Pepe que me acompañe al panteón a visitar a mis papás. Siempre quiere que me levante la falda en el panteón sin darme nada a cambio.
Hay gente muy abusiva.

Y los que no son abusivos, simplemente cansan por aburridos.