26 ene. 2009

Verdevalle

No hay vidas perfectas, tampoco veo porque debería haber una muerte perfecta.

Había pasado la mayor parte de su vida cometiendo injusticias, su nombre era digno de temor, pero más de uno quería ver rodar su cabeza y bailar una mística danza a su alrededor.

La noche había caído y todos los habitantes de aquel pueblo estaban a las afueras de la casona del General Verdevalle, los guardias habían huido desde que escucharon los y vieron las antorchas venir por el camino real. El General estaba solo, y nada más que unas rejas y una puerta enorme de cedro rojo lo separaban de aquellas centenas de almas armadas con machetes, palas y demás armas agrícolas que tanto querían verlo arder en el fuego eterno del mismo infierno.

La situación era muy predecible, entraría un pequeño grupo de hombres, subirían hasta su despacho y lo llevarían hasta la multitud, misma que después de desnudarlo lo harían caminar a punta de latigazos hasta el paredón que el general usaba para fusilar a los rebeldes y enemigos. Una vez ahí, frente a esa pared con rastros de sangre todavía esperaría una lluvia de rocas con el más puro sabor a venganza posible de parte de los pueblerinos y por ultimo sería quemado en un horno de ladrillos.

El general veía las antorchas desde su ventana, se podía ver una tranquilidad increíble en su persona, fue hasta su despacho, tomó su botella de coñac que usaba en ocasiones importantes,  y después se sentó en su sillón favorito. Contempló las fotografías que estaban frente a el, exactamente en frente estaba el retrato de su abuelo, se veía parco y retador, interpretó su mirada y solo venían unas palabras a su mente.

Ya te cargo la chingada.

-Si, ya me cargo la chingada, pero al menos tendré una muerte rápida y sin humillaciones, perfecta en este caso.

Dijo mientras saco su pistola de un cajón y la puso en su escritorio.

Se le hizo un nudo en la garganta que estaba listo para deshacer con un trago de su fino licor.

-No hay mejor muerte que una donde tu garganta está aún caliente por la gracia del alcohol y tus oídos son seducidos por las tímidas notas de una canción. Era una frase que alguna vez había escuchado, en está situación era lo más cercano a sus posibilidades.

Entonces tomo su botella y su pistola para después ir hasta su fino piano, se sentó y empezó a contemplar por última vez el mismo. Empezó a tocar algunas melodías y vinieron un sin fin de recuerdos a su cabeza, así que volvió a su despacho para evitar situaciones sentimentales.

Sentado de nuevo, frente a su escritorio, con las mismas miradas sobre su persona y con un torrente de recuerdos que empezaban a llegar, su corazón empezó a agitarse, un miedo lo recorrió de pies a cabeza como nunca, se había dado cuenta de que no había una muerte perfecta, simplemente no la había.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por los golpes a la puerta de su despacho, si quería evitar el sufrimiento tenía que hacer algo rápido, tomo su pistola y se armó de valor.

Jalo del gatillo y después experimentó la peor sensación de su vida, el arma no tenía balas.

7 comentarios:

MauVenom dijo...

Por un momento estaba yo verdaderamete feliz de que el tirano se saliera con la suya. De que no les entregara su muerte a los plebeyos. De ganar la última también.

Pero no. Buen final sin embargo, buen final.

By the way, la muerte perfecta, no se para quién ni como pero existe. El miércoles trataré.

Un abrazo.

Générique dijo...

Un descuido como ese hubiera fastidiado tanta planeación, y la aparente calma y serenidad del general, si tan sólo él hubiera creído que la muerte perfecta existía.

Pero visto que no lo creía supongo que, al menos, le quedaron la satisfacción de saber que jaló del gatillo y el poder de culpar al destino por haberle escogido una muerte más humillante que la que él mismo había escogido.

Jolie: dijo...

Nada es perfecto, ni siquiera el arma homicida-suicida.

carajo! que tino

elbipolar dijo...

Excelente final.

Rich. dijo...

Gracias a todos por sus comentarios, colegas.

NTQVCA dijo...

Que mala pata mi Rich, debio ser mas precavido.

Pinche Vieja dijo...

Ajajajajaajajajaja... me cae que te vi ahí, neto que si.

Dame de tragar!!!