18 feb. 2009

El esclavo


-Mamá. -La pequeña María se acercó a Sonia con timidez y con los ojos enrojecidos, llorosos.
Sonia que colgaba en su patio trasero la ropa recién lavada escuchó a su hija hablar tras de ella, el calor selvático la agotaba hasta el tedio e incluso la labor de madre a veces le era demasiado, pero volteó paciente y preguntó. -¿Qué pasa?, ¿qué tienes?.
-Ayer vino mi papá en la noche a verme. -Contestó la niña con voz triste.
Sonia se agachó enternecida por la expresión de su hija y mostrándole una tribulada sonrisa le acarició la cara y después la abrazó. -Lo extrañas mucho, ¿verdad?.
La pequeñá asintió con la cabeza y los ojos bajos.
-Te hace falta tiempo m'ija. No te sientas mal por extrañarlo, toma mucho acostumbrarse.
-Pero es que ayer vino y no me dice nada.
Sonia abrazó más fuerte a su pequeña tratando de consolarla. -Ve a jugar al río mi vida, anda, busca a tus amigos, ve por ahí y ten cuidado por favor. Eso te va a ayudar.
-Sí mamá. -La niña obedientemente se dio la vuelta y se fue caminando despacio abriendo la puerta del malhecho enrejado de madera para salir a uno de los sinuosos caminos de terracería que circundaban su casa. Sonia la vio perderse entre las frondosas palmeras y los miles de arbustos de crecimiento incontrolable típicos del trópico.
-¡Cuidado con los... !. - “pantanos” pensaba decir pero la niña ya no la escucharía pues estaba lejos. Se quedó viendo hacia ese pedazo de selva todavía conflictuada por la tristeza de su hija y suspiró.

Juan, su marido había muerto hacia poco más de un mes. Cómo olvidarlo, una de las etapas mas difíciles y tensas en la vida de Sonia. Lo recordó con su cara enferma y demacrada, dando tumbos por la casa, a veces tranquilo con la mirada perdida otras con lo que parecía ser un tremeno dolor en las entrañas. El doctor del pueblo con sus pocos alcances nunca entedió qué era lo que pasaba, la gente del lugar empezó a hablar de brujería pero Sonia no prestó atención, esas cosas se hablan siempre en un sitio como ese. Todo ese pensar le recordó que tenía un pendiente y repentinamente tomó la decisión de salir de su casa, sacó de la vieja cómoda una cartera, se cercioró de que hubiera dinero adentro, se puso unas sandalias y salíó con paso decidido a la terracería que tenían como calle, tomó camino abajo hacia la casa de Mireya. Al llegar tocó a la puerta y salió el joven hermano de ésta asomando apenas la cabeza.
-No me digas otra vez que no está tu hermana. -Dijo Sonia.
-No señora, salió.
-Ya te dije que le debo dinero y le quiero pagar. ¿Cuándo la encuentro?, esta es como la quinta vez que vengo.
-No sé señora. Ella sale mucho.
-¿De cuándo acá?. -Contestó Sonia molesta a lo cual el muchacho reaccionó negando con la cabeza.

Los días pasaron y Sonia se sentía cada vez más tranquila personalmente pero inquieta porque su María parecía cada vez menos feliz, decía incoherencias acerca de ver a su padre y cada vez estaba más nerviosa y asustada, incluso un día al regresar Sonia de su trabajo en el pueblo, casi al llegar a la rústica casita que ocupaban escuchó a su pequeña hija dando gritos de terror, cuando entró la niña estaba como loca en medio del espacio que tenían como estancia. -¿Qué tienes María, contrólate, ¿por qué gritas así?. -La pequeña le mostró el piso en el cual había un camino de lodo desde la entrada hasta la recámara principal, la que ella alguna vez compartió con su marido. Aunque inicialmente le pareció extraño llegó hasta el cuarto siguiendo el rastro sin encontrar nada raro. -Tranquila niña, ¡por Dios!, tú debes haber metido ese lodo, no es nada, fíjate antes de entrar, es todo.
-No fui yo. -Fue todo lo que contestó María ya casi viendo a su madre con rencor por no creerle y fueron esas las palabras que hicieron decidir a Sonia el mandarla una temporada con sus abuelos al puerto para que se tranquilizara, antes sin embargo, la llevó al cementerio para mostrarle (en medio de dulces pláticas de convencimiento), la tumba de su padre que permanecía con la tierra medio revuelta y con unas flores ya secas encima como aquel día que lo enterraron.
Así María se fue y de alguna manera fue un descanso para Sonia aunque no dejaba de extrañarla. Su trabajo como asistente de una tienda en el pueblo le era menos tenso pues no tenía que regresar corriendo a casa a cumplir las labores de madre y aunque pasaba todo su tiempo sola trataba de ajustarse a su todavía nueva condición de viuda.

Uno de esos días Sonia regesó a su casa y al abrir la puerta fue inminente el exagerado rastro de lodo que había desde la puerta hasta la recámara, no pudo evitar el miedo que eso le produjo pues evidentemente su hija había tenido razón y alguien se estaba metiendo en el lugar. Corrió por afuera de la casa hacia el pequeño patio trasero para buscar una pala o algo con que defenderse antes de entrar de nuevo pero se dio cuenta entonces de que se habían robado varias herramientas incluída la pala, hacia cuánto, no lo sabía, uno no se fija en esas cosas hasta que las necesita. El vecino más cercano estaba bastante lejos pero aún así caminó hasta allá para pedirle ayuda y no regresar sola. Claramente vio como sus vecinos cerraron la puerta cuando ella se acercaba e incluso oyo que ponían la cerradura del otro lado. Nadie le abrió. Nadie le respondió. Sonia volvió a su casa y no le quedó más que entrar sin ayuda. Pero no encontró más que huellas y lodo.
Esa noche fue la peor hasta ese momento en la vida de Sonia, cerró la puerta con la vieja cerradura que rara vez usaba y todas las ventanas y cortinas. Sabía que de nada servía pues lo que allí sucediera no se escucharía en kilómetros pero tampoco tenía otro lugar a donde ir. Se sentó a la mesa para no dormirse y tomó el cuchillo más grande que tenía en su cocina para defenderse de ser necesario, velando así hasta que la venció el sueño. Una patada violenta en la puerta la hizo despertarse casi al borde de un infarto y con el máximo miedo que una persona pueda sentir vio como la madera de ésta se resistía a ese y los siguientes golpes, fueron como cinco hasta que finalmente y como último recurso la aterrorizada mujer gritó “¡Tengo un arma y voy a usarla, voy a matarte quien seas!”. Curiosamente despues de eso empezó a escuchar murmullos con una voz nasal, lejana y pausada a la cual no entendió, eso le dio temor y tranquilidad al mismo tiempo pues no era un sonido agresivo, era más bien absurdo aunque escalofriante. Luego silencio. Y adelante una noche miserable ocupada solamente por una ilógica quietud.
Se quedó dormida sin darse cuenta hasta que despertó exaltada aún sentada ante la mesa, sin embargo todo se veía tranquilo y el día que entraba por las ventanas traía de nuevo el sonido normal de la naturaleza. Decidió tomar las cosas con calma, se bañó y comió algo, se vistió con la determinación de ir a la policía local a denunciar el hecho y lo que estaba ocurriendo. Cuando Sonia salió de la casa escuchó un sonido metálico resultado de haber pateado algo accidentalmente al salir por la puerta, era un pequeño objeto brillante, lo vio, se acercó, lo tomó con las manos y lo limpió contra su ropa para ver de qué se trataba, era un dije. La velocidad con la que avanza el terror en el cuerpo de una persona es algo inexplicable ante el simple hecho de ver un objeto que nos significa todo lo peor en conjunto. La piel de Sonia se erizó inmediatamente y empezaron a temblarle las manos cuando sus desorbitados ojos vieron que lo que sostenía en su palma era la medalla que Juan su marido había llevado en el cuello toda su vida... la misma con la que había sido enterrado.
Sonia corrió como una loca con lágrimas en los ojos, repitiéndose a sí misma “no es cierto”, “no es cierto”, “no es cierto”. Corrió sin parar sumida en el miedo hasta llegar de nuevo al cementerio tratando de buscar una explicación incluso en un lugar al cual había ya antes ido, se fue acercando a la tumba y a lo lejos le pareció no ver nada fuera de lo común pero al llegar, aún cuando la tumba estaba igual que antes se dio cuenta de que sobre ella habia un líquido viscoso similar a la miel o la resina y también escritas con un polvo extraño unas palabras que le fueron intendendibles, se espantó aún más al ver eso y su primer impulso fue tocar aquello pero se detuvo con miedo y se echó para atrás, su siguiente reacción fue levantar la vista como buscando a alguien y justamente frente a ella se encontraba Ramón el cuidador del cementerio, ella lo vio con desconfianza pero al mismo tiempo exigiéndole silenciosamente una explicación, el hombre quien se veía realmente intimidado hizo un verdadero esfuerzo para articular palabra. -Yo no fui señora, yo no puse esas letras en la tumba, yo ni entiendo eso, creo que es otro idioma, yo no fui, le juro, fue un hombre negro el que lo hizo, ayer en la noche.
-Aquí hay muchos hombres negros Ramón, ¿quién fue?, ¿por qué?, qué sabes Ramón, ¡Dímelo!.
Ramón recuperó su mutismo y negaba con la cabeza.
-Dí-me-lo. -Repitio Sonia separando por sílabas y sonando más amenazante que en súplica.
-Lo sacaron.... lo sacaron señora Sonia... el cadáver de su marido, ya no estaba y no supe cuando fue... a lo mejor se salió solo... yo volví a echar la tierra.
-¡No digas estupideces!, un muerto no se sale solo... ¿cómo que lo sacaron?... ¿cuándo?.
-No sé que pasó, pero fue como día y medio después de que lo enterraron... usté perdone, no diga nada por favor, yo no tuve la culpa, yo no vi.
-¿Por qué no me avisaste?.
-Tengo miedo señora... en la cantina me dijeron que a su señor lo vieron caminando la otra noche cerca de su casa... y alguien más lo vio vagando en un campo cerca de la carretera que va pa' la capital... hasta mi hermano dice que andaba cabando una fosa al otro lado del río.
-Te vas a callar Ramón... te vas a callar... no digas una palabra de esto a nadie.
Sonia corrió hacia a su casa con tal angustia que el corazón le latía a casi matarla. Abrió la puerta y al entrar la cerró con llave, después se quedó paralizada en medio del espacio que tenía por comedor con muebles viejos y simples. Todo de repente cobraba sentido, un tétrico sentido; el lodo en la casa, las historias de María, el robo del jardín, la medalla, los vecinos, el esconderce de Mireya...
-Mireya... Mireya... Mireya... -Empezó a repetir Sonia como poseída y convirtiendo su miedo en una furia desmedida. -Mireya, maldita Mireya. -Se movió rápidamente hacia la cocina y tomo una silla, se subió en ella y estiró la mano con mucha dificultad hacia arriba de una alacena hasta agarrar una lata plateada sin etiqueta alguna, la puso contra su pecho como si de esa forma fuera a recibir una explicación, reaccionando repentinamente bajó de la silla y corrió hacia la puerta para salir a la calle. Ya en la terracería caminó apresuradamente en dirección a la choza de Mireya. La rabia la cegaba dejando atrás el miedo al ir tomando su propio lugar cada una de las piezas de ese fúnebre rompecabezas. Al llegar a la casucha sin tocar abrió la puerta violentamente encontrando a la mujer sentada a su mesa, Mireya al ver a Sonia se levantó asustada y se hizo para atrás como para salir huyendo pero inmediatamente trató de fingir compostura y empezó a arreglarse la ropa y el pelo nerviosamente.
-Sonia... Sonia... hola... oye... no he estado... bueno... ¿qué te trae por aquí?.
Sonia guardó silencio por un tenso momento hasta que habló con todo el odio que su alma le permitió. -¿Qué hiciste estúpida?.
-¿De qué hablas?. -Replicó Mireya con una muy mal fingida sorpresa.
-¡Qué hiciste estúpida!. -Gritó sonia aventando a los pies de Mireya la lata que al caer se abrió dejando salir varias pequeñas bolsas de plástico conteniendo un polvo blanco cada una.
-... Lo, lo siento Sonia. -Dijo Mireya tartamudeando y olvidando derrotada su teatro.
-¿Quién te dio esta porquería?.
-El francés... ya te había dicho... o bueno, creo que es dominicano o de otra isla, no sé, de por allá.
-La dosis estuvo mal, ¿verdad imbécil?.
-No... no sé Sonia, no sé... yo hice lo que él me dijo... fue lo que te dije exacto.
-¡Pues te engañó idiota!, ¡te engañó!, ¡nos engañó a las dos!. ¡Lo que ese maldito brujo quería era un esclavo!.
-Lo siento Sonia. No era eso lo que querías ¿verdad?.
-¿Lo sientes?... ¿lo que yo quería?... ¡Te dije muerto, estúpida!... ¡te dije que quería a Juan muerto!... ve lo que hiciste... ¿Y ahora?.

21 comentarios:

Adrián dijo...

Hay muchos enunciados donde te puedes dar a entender usando menos palabras. Recomiendo usar menos adverbios que finalicen en mente, pues traban la lectura.
Buen retalo.

Pinche Vieja dijo...

Jajajajaja lo siento, pero se oye taaaaaaaan falso eso de: le vengo a pagar y no la encuentro :p

Oiga, está chido, el final no me lo esperaba... La historia me atrapó y me llevó de un lugar a otro sin perderme.

Un besote!

Générique dijo...

La historia esta buena y te invita a seguir leyendo, aunque el final no me pareció que le hiciera justicia al resto del relato.

Y si, el francés probablemente no era francés, sino haitiano y ni siquiera hablaba francés, probablemente hablaba criollo haitiano. Que para estar realmente seguros habría que saber si practicaba Vodou, Voodoo, Vodun o Candomble Jeje.

jess dijo...

Cuando comencé a leer "La Mentira" de Caridad Bravo Adams, sentí lo mismo que al comenzar a leer tu relato....

Una canoa atravesando el Mato Grosso a través del Amazonas... claramente podía sentir el ambiente húmedo, y escuchar toda esa fauna desconocida... esa flora exótica por todos lados.

Sonia, variante ruso de Sofía.
Bueno en algunas ocasiones, las personas no hacen honor a su nombre. ;)

Muero de curiosidad para saber cuáles eran esas letras viscosas... las letras guardan más secretos que los brebajes o hechizos maléficos....

Abrazos Mau!!!

MauVenom dijo...

Adrian

Gracias por tu comentario. En algún momento tuve la misma observación que tú, gracias por hacérmelo notar.

Saludos.

MauVenom dijo...

Niña mala corazón mio.

Cuando mates a tu marido vas a ver como te uuuurge pagarle a tus cómplices pa´ que no te echen de cabeza, jajaja.

Gracias.

Kiss.

marichuy dijo...

Mau

Decía mi abue: hay cosas que no le puedes encargar a nadie, si es que deseas que salgan exactamente como tu las quieres; no hay más remedio que hacerlas tú.

Para mi, la moraleja de tu historia sería: Ya no se puede confiar en nadie, je.

Y Concuerdo con Generique, mejor le hubieran hecho un Vudú

Un beso embrujado

MauVenom dijo...

Niño Générique

Efectivamente debe haber sido haitiano... y seguramente sí hablaba francés pues por eso lo llamaban coloquialmente así, ahora, el texto de la tumba podría estar en otra lengua más ocultista y propia para esos rituales.

Los polvos blancos son efectivamente (según los textos de investigación) Vodou... y de cómo habrá sido el asunto completo, creo que sería mejor no investigar mucho más... por si acaso. JA.

Abrazo.


- - -


Jess

Las letras de la tumba serían probablemente un conjuro que le impidiera al zombie regresar a ella, ciertos relatos dicen que cuando un zombie recibe cierta influencia o prueba ciertas cosas de comer puede descubrir su sitúación y regresar al cementerio a donde pertenece para morir en paz como debió haber sido... pero la verdad en esta historia la sabrá el pobre asustado de Ramón.

Y Sonia... efectivamente cometió el error de confiar demasiado en un asunto muy delicado.

Gracias por tu observación de la ambientación.

Besos Mrs Rabbit.

MauVenom dijo...

Marichuy

De nuevo la voz de nuestras abuelas a las que deberíamos poner más atención.

El error de la pobre Sonia no fue el que llevó a su marido a la tumba, fue el que lo sacó de ella. Jeje. Y bueno, a veces las malas obras se complican un poco. Cierto, para esas cosas si las has de hacer mejor no confiar en nadie... aunque debo decir que no hay alianza más emocionante (fuera del amor) que la conspiración.

Besos Mari. Gracias por venir.

Jolie dijo...

Como se complica uno la existencia en esta vida...
nos volvemos esclavos

besos esclavos. je

W dijo...

Me encantó el final !!!

Ya había pasado por aquí (culpa de Jolie) pero no había tenido tiempo de comentar...

Observación (no pedida lo sé) : me costó mucho trabajo leer con fondo oscuro y textos en blanco... las letras bailan (o yo ya necesito lentes... jajaja)

Jolie dijo...

ahora ya me dieron celos! la Dableu nunca me comenta!.. jajaja

bienvenida siquiera vienes a cuenta letras ;)

MauVenom dijo...

Jo

Como bola de nieve. Vamos complicando las cosas y haciéndolas peor y peor cada vez. Y sí, esclavos al final. De nuestra propia estupidez regularmente.

Y bueno W no te comenta pero habla de ti en su comment eso es mucho no te puedes quejar.

Besos para ti también.


- - -


W !!!

Pero que gusto tenerte por aquí. Oye y mucha gracias por tu comentario, que bueno que te gustó el final. La chica Sonia tan poco escrupulosa le salió un poco mal su plan, je.

Gracias por venir y por leernos. Déjate ver más seguido.

Rich. dijo...

Grandisimo cabron.
No es que le tema a los muertos ni nada por el estilo, mi condicion de cientifico simplemente me impide creer en eso y debo pensar muy bien antes de entrar en panico, pero todo lo paranormal y sobrenatural ha sido objeto de respeto para mi. Relatividad a fin de cuentas.
Tu escrito hizo que prendiera la luz, y concuerdo un poco con Gen, la verdad, si me cagaste durante todo el cuerpo del relato igual y debiste terminar el trabajo. :P
Chale, yo no detecté lo que Adrían dijo.
Snif.
Saludos, excelente relato.

NTQVCA dijo...

Yo creo que es frances se quedo con los dos comentarios que ya he dejado aqui, ¡lo unico que queria decir es que me gusto!, ¿ni eso puedo?, snif snif

MauVenom dijo...

Richo

UN COMENTARIO TUYO!!!!... WOW!!!... tuve que hacer vodou para lograrlo, Santo Dios.

Gracias my friend. Aunque me parece un poco curioso que a todos les parece más terrorífico que un pobre muerto desvalido ande caminando por la calle a que tu propia esposa te envenene hasta la muerte... jajaja... será proque ya estamos acostumbrados.

No prenda la luz, aguántese, no sea coyón.

MauVenom dijo...

IqNTQVCA

Cómo???

Y qué decían sus comments?

Qué le gustó más?... la señora que mata al marido, la amiga tarada o el brujo maldito?...

No se preocupe. Gracias por venir y que bueno que lo lea.

Beso

Si no viene el mero día no hay descuento de miércoles de plaza.

mafalda dijo...

...

El final es inesperado, eso me gustó.

Los relatos que no son lineales me gustan mucho. Este es bueno, pero si no lo hubieras hecho lineal, creo tendría más impacto.

Lo adverbios me picaron los ojos, sólo será cuestión de quitarlos.

Intenta evitar las cacofonías:

"Se quedó dormida sin darse cuenta hasta que despertó exaltada aún sentada ante la mesa.."
"Sabía que de nada servía pues lo que allí sucediera no se escucharía..."

El conflicto y el clímax con menos palabras estaría perfecto.

Me gusto mucho la idea, y no se diga el final...¡chido! El título si le quitas El y dejas solo Esclavo sería mucho mejor.

No soy crítica literaria, ni le sé mucho a esto, pero esto que te digo va en relación a lo poco que he aprendido en mi taller de cuento.

Un abrazo.

Mafalda

MauVenom dijo...

Mafalda

Mira con tal de que me peles si quieres miéntamela porque últimamente nos tienes muy abandonados a tus fans.

Lo que idealmente me gusta hacer es escribir un texto y dejarlo descansar un rato. Luego lo retomo y lo trabajo y así hago como 3 o 4 veces hasta que me gusta. El problema que enfrento yo (y creo todos) aquí es que no tenemos tanto tiempo, al menos para manejarlo como acostumbro. Y luego cuando lo leo me doy cuenta de cosas como las que estás mencionando o las observaciones que me puso Adrián.

Te lo agradezco y tomo nota, tomo nota, tomo nota... mmmh (estoy escribiendo).

En lo único que difiero fue en el título... inicialmente se llamaba Esclavo, pero la verdad no me gustó y lo cambié... tampoco me gustó, jajaja... pero ya quise pensar en otro.

Besos muchos. Saludos al pequeño Cornelio.

Mara Jiménez dijo...

Me he comido las uñas en esta fantasía del más allá durante todo el relato para terminar más que asombrada de la "muy normal" maldad del más acá. Bien Mau, nos llevaste por donde te vino en gana, y esa deriva indeterminada se agradece mucho como lector. Además, me imaginé todo en Haití con polvos de víbora seca y zombies por todos lados.
Un abrazo.
Mara

MauVenom dijo...

Mara

Oye que padre comentario, muchas gracias en serio.

Pues de eso se trataba un poco, de aterrizar la maldad de la magia en la maldad de la realidad misma que es menos fantástica quizá pero mucho más próxima (desgraciadamente).

Y aprecio mucho que me comentes lo de la ambientación pues aunque lo dejé abierto y por los nombres puede ser México o Centroamérica, justamente ese era el caso, que fuera un escenario propicio similar al menos al de Haití. Una cultura de magia y trópico.

Besos. Me dejaste con sonrisota.