12 jun. 2009

Secretos


Still, there can be no material objection to
two. And really between two and three,there is merely a single unit of
difference. I ventured, perhaps, upon four. My wife will have it five; -- but,
clearly, she has confounded two very distinct affairs.
- Edgar Alan Poe

No camino más entre la gente; un hecho meramente circunstancial, el tiempo siempre es una restricción. Usar el transporte colectivo no es práctico, ir al banco es más efectivo en línea y cerca de media noche el supermercado está prácticamente vacío. De alguna forma extraño los fragmentos de conversaciones que es imposible no escuchar entre las multitudes en lugares públicos, conversaciones casuales, intrascendentes, indiscreciones que la gente no puede callar, que fuerza en nosotros cuando nos es imposible escapar.


Mujeres en su mayoría son las que hablan sin cesar, las que no pueden callar; algunas se quejan con su comadre, con su vecina, con alguna extraña que se a sentado a su lado, de los precios de los alimentos y los servicios, del calor y lo atiborrado de gente que va el transporte colectivo, mientras ignoran a sus angelitos, que torturan a uno o dos viajeros.

Las más consideradas, apenas una o dos, hablan con dulzura a su pequeña niña, en voz baja le relatan la agenda del día: al banco, a pagar luz y teléfono, al supermercado, a recoger la ropa de la tintorería y a la casa a preparar la comida. Les relatan la rutina diaria como si fuera una gran odisea.

Los estudiantes, ruidosos e inquietos, desesperan a la gente a su alrededor y la incomodan con sus lenguaje y conversaciones obscenas. Más divertido es mientras más se incomode la gente y los alienta a hacer aún más escándalo.

Los trabajadores, si no hablan de futbol, hablan de la secretaria, de lo buena que está y que si no se acuesta con todos seguroes porque se acuesta con el jefe, hablan de cómo suponen que logro ascender a su actual puesto y sueldo, cambiando favores por prestaciones, y de cómo les gustaría ser el jefe, para también ellos meterle mano.

Y las adolescentes, paradas muy cerca una de la otra que en voz baja intercambian confidencias. Alguna de ellas me mira indiscretamente, hasta que nuestros ojos se cruzan por apenas un segundo antes de que desvíe la mirada de nuevo, ríe un poco, susurra algo al oído de su amiga y se sonroja.

Cuando las conversaciones en el trabajo son cortas, insípidas, apenas fragmentos de manuales técnicos; extraño esas conversaciones ajenas, conversaciones incompletas que con frecuencia no hacen sentido, pero que, por lo mismo, invitan a pensar, echan a volar la imaginación que se encarga de construir un principio y un final para ese pedazo de conversación que logramos captar durante el breve encuentro cotidiano con extraños.

Y si con alguna de esas conversaciones me he de quedar me quedo justamente con la que no alcancé a escuchar, aquella que se confío en voz baja y al oído para después sellar el secreto con una cómplice sonrisa.

5 comentarios:

Générique dijo...

No quiero más queso, ¡quiero salir de la rotonera!


¡Ah!

NTQVCA dijo...

Queremos lo que no tenemos, hasta aquella converación que no escuchamos.

¿Yo me escucharé como las mujeres que platicas?

Salga pues!

Générique dijo...

NTQVCA: Con mucha frecuencia es justamente lo que no podemos tener lo que más deseamos, debe estar en nuestra naturaleza, debe ser parte de la naturaleza humana, pues a todos nos pasa en un momento u otro, un vago deseo o una insana fijación.

AnarKista Super Estrella dijo...

¿Qué sería la vida sin el chisme?

O bueno, sin conversaciones robadas??

No habría Paty Chapoy, ni La Oreja, ni Sección de Espectáculos...

Le quitarías lo Fashion a la Nota Roja...

Saludos!!

Cheers...

la MaLquEridA dijo...

Por lo general cuando voy en transporte público,prefiero ponerme mi aparatejo y así no escuchar conversaciones ajenas.

Es mejor.