15 jul. 2009

...en un minuto.

Todo comienza en el nacimiento. La madre recién parida y todavía atarantada después de treinta horas de pujidos y sudores grita a los cuatro vientos:
—¡Mírenlo, está precioso!
Y ahí, frente a nosotros, una bola amorfa de carne estrujada con una clara inclinación a parecerse más a Gengis Khan estreñido que a un ser humano.
Para ilustrar bien el ejemplo me remonto a 1957, Ciudad de México, con uno de los más importantes cronistas poetas musicales, Chava Flores, y su canción El bautizo de Cheto:
“…Vi bautizar a Cheto de Camila la gandul,
arrugado, trompudo y prieto y con su rompón azul (…)
¡Ay qué reprieto es Cheto:
Pos no le hace que esté prieto, se merece un alipuz…
—Yo creo que está prieto porque hace un año nos cortaron la luz…”.
Pasan así los años y volvemos a cruzar camino con a aquél horroroso bebé, ahora convertido en un escalofriante niño con ínfulas de novillero español que camina por el mundo con la seguridad de un banquero suizo, porque desde que nació, mamá y papá no le han dicho otra cosa más que guapo e inteligente (aunque la opinión general desde un principio haya sido que se diera en adopción al Instituto Darwin, pues seguro su caso aclararía muchos puntos al tema del eslabón perdido).
Levantar la autoestima en los niños a temprana edad es una prioridad, cierto, pero no hay que cegarse a la realidad: "Mijo, creo que no vas a ser ciclista: ¡no tienes piernas!".

Recuerdo a un amigo de escuela cuyos padres tenían la manía de repetirle una y otra vez esa fórmula idiota que dicta “¡si te lo propones puedes llegar a ser lo que quieras!”.
Años después me encontré al colega, y para entonces ya había quebrado el negocio familiar, quebrado a su padrino de bautismo y hasta había amenazado con meter a la abuela a la lavadora de trastes si no le daba su pensión del Seguro Social.
El nene, protegido con la bendición de los padres desde su nacimiento, la cual dicta que si te lo propones puedes ser lo que quieras (hasta cactus, si es preciso), había intentado ser aviador, químico, arquitecto, abogado, músico, ministro de interiores, corredor de go-karts, submarinista de mar chico y, por su puesto, modelo de magazine italiano, a sabiendas de que era más feo que un aborto de iguana.

La última vez que lo vi estábamos afuera de un café, cuando de pronto llegó su padre.
Se le acercó, le tomó del brazo, y mirándolo fijamente a los ojos le dijo:
—Es increíble que te hayamos hecho en un minuto....
Y arrastrando los pies caminó calle abajo.
Después de treinta y cinco años por fin se había rendido... todo por culpa de un minuto.

7 comentarios:

4narqu1sta 2uper3strella dijo...

Chale...

Cuando yo nací me decían Changuito...

Pinche gente...

Saludos!!

Cheers...

la MaLquEridA dijo...

Aghhh! qué cruel.

Por eso hay que tener bien puestos los pies sobre la tierra.


Saludos.

Alter Ego dijo...

Disculpa que no haya entendido bien el final ¿quién se rindió y de qué?

NTQVCA dijo...

O sea que el condenado chamaquito feo dejo a la familia en la ruina?

el padre supongo se rindio por no haber podido educarlo...creo

NTQVCA dijo...

Esa canción del bautizo del Cheto tiene onda

Yo sólo digo como Cuco Sánchez: "¡DE HABER SABIDO NI NAZCO!". dijo...

Explicación aproximada:
Te toma un minuto,o menos, en concebir, para que te salga un papanatas y te arruine la vida, en otras palabras: ¡cría cuervos y te sacarán los ojos!, y para eso sólo basta un minuteque.

Rich dijo...

Más claro ni el pinchi agua.