27 ago. 2009

Mancha en el sillón

Pablo tiene cara de niña, tetas de niña, risa de niña, pero una verga grande. Fuma mota mientras está despierto. Trabaja toda la noche, duerme de a ratos en el día. Desde hace unos años renunció a salir de casa, sólo se dirige a la tienda para comprar tabaco cuando el material se acaba, el trabajo le llega a la casa, arregla computadoras y la mayor parte del espacio que ocupa su cuarto, son cpus, propiedades de dueños que ya no regresaran por su software hecho cacharro, contra la velocidad de los nuevos diseños compactos y baratos.
De vez en cuando me gusta dormir con él, hablar, hablar, hablar y coger cuando nos hartamos de conversar. Sus gestos de nena me fascinan, cuando estudiaba preparatoria, más de una vez lo confundieron con una niña, por eso se dejó los míseros bigotes que nunca han podido crecerle con viril perseverancia.
En algún momento de una de las novelas de Murakami, aparece una prostituta china golpeada y ensangrentada, su cliente le partió la cara y se fue sin pagarle a ella y el hotel, la razón: le había bajado la menstruación, mientras se la cogía.
Una noche, mientras discutíamos la crisis mundial, y la mano tibia de Pablo permanecía en mi vientre desnudo, declaró su admiración a Chávez, habló de libros de poesía que no conocía, yo le argumentaba mi rotunda admiración, porque él era uno de los pocos locos libres que se había zafado del yugo occidental de vida, decidimos continuar con la faena de caricias y besos.
El vientre me dolía. Pablo sabía de mi indisposición, pero su vocecita sensualmente femenina, me dijo que él no tenía quimeras, me embistió cuando me recargué en un sillón. El sonido de nuestras carnes fue suficiente para constatar nuestro deseo.
Interrumpí cuando me percaté que el sillón estaba manchado, yo comencé a sentirme culpable por la evidencia, él reía e insistía en continuar sin importarle que hubiera estropeado la sala de la casa de sus padres, sólo se subió los pantalones cuando observó que buscaba en su baño algo para limpiar el mueble, regresé con una jícara, jabón y un cepillo, en menos de un minuto ya estaba limpiando la mancha, mientras él extasiado me contemplaba desnuda con cepillo en mano; no pudo evitar confesar que eso le encantaba, que si tuviera una cámara no dudaría en tomar una foto, para no olvidar el momento doblemente fortuito: una mujer desnuda limpiando el sillón de su casa, y dos, su amante negando la prueba de un coito con marca sanguínea.
Sus años de estudiar Medicina, lo habían hecho olvidar todo tipo de asco referente a las excrecencias humanas. Desertó a la carrera, gracias al permanente miedo de tener que matar a un ser humano por error, siempre tuvo pánico a acostumbrarse a ver morir a la gente por las negligencias diarias del hospital, de la inexperiencia, del descuido o ignorancia de los pasantes.
Me gusta dormir con Pablo, aunque su cuarto apeste a sudor, aunque su aliento y sus pulmones estén contaminados de humo, aunque todo su cuerpo con grasa acumulada le haya quitado parte de su aspecto masculino.
La última vez que lo vi, me quedé tres noches con él, pude postrarme como una ostra, de no ser porque no había más remedio que salir por provisiones para el refrigerador, esa vez le dije que iría al super para comprar, al dar el primer paso en la calle sentí mi olor pestilente, subí a mi auto que había estado parado frente a su casa, una capa de polvo lo cubría, lo encendí, dos cuadras después me di cuenta que no tenía un solo peso para comprar comida. Regresé a mi casa, tenía que hacerlo, las toallas sanitarias, también se me habían terminado.
Mientras cenaba en mi cocina, recordé una conversación con Pablo...
- Siempre he querido coger con una oriental.
- Yo no soy oriental, sólo tengo los ojos rasgados, la piel amarilla y el apellido chino.
- Has cumplido con una de mis fantasías.
- ¿quieres ser mi padrote?

1 comentarios:

Amorexia. dijo...

debo admitir que a pasar de el asco que me dan los humanos mortales descuidados (ser loco bohemio y comunista no deben ser sinonimo de impulcro) el personaje regordete y afeminado me parecio agradable, y ella perdida pobre sin poder escapar simplemente por el acto fortuito me fascino, si sos vos descueda, mi admiración es solo eso, igual sé que a vos el que te gusta es pablo.

Maravilloso texto.

Deshora.