22 sept. 2009

Tres veces se va...

“¡Se va, se va…se vaaaa!”, grita el bateador.
Todos ven como la pelota en cámara lenta sale del campo, que en realidad no es más que un llano con una barda malograda al final del diamante. Los ojos de los muchachos acompañan su vuelo hasta que se pierde en el horizonte y de ahí regresan a lo suyo, aunque el orgulloso bateador sigue gritando “¡se va, se va…se vaaa!” mientras da su vuelta victoriosa por las bases.

La bola sigue su trayecto perdiendo altura allá en donde se encuentran unas viejas vías del tren, dos vagones herrumbrados y unos botes de basura que por las noches se prenden para dar calor a vagabundos y uno que otro junky.
Sin embargo la pelota no toca el suelo como de costumbre, ni hace su usual rebote quedando por fin quieta: la pelota cae directo en la cabeza de un hombre que se inyecta heroína tras los vagones desvencijados mientras su vida ¡se va, se va… se vaaaa!

Hay que elegir quién va por la pelota: es la única que tienen y sin ella no se puede continuar el juego.
Ricardito es de los más chicos, por lo tanto acepta con resignación heroica ir por ella. En efecto: la Ley de Herodes (o te chingas o te jodes) sigue vigente.
Trepa la barda; del otro lado se da cuenta que encontrar la maldita pelota no va a ser fácil. Aunque no se ve nadie por los alrededores Ricardito siente miedo mientras se encamina a las vías. Es un lugar raro y da escalofrío. Según recuerda, la pelota voló por el centro, por lo que debe estar cerca de uno de los vagones. A cada paso que da Ricardito trata de vencer su miedo, el corazón le bombea de prisa: “no seas llorón…”, se repite una y otra vez, mientras sus tenis hacen ruido con las piedras sueltas de entre las vías.
Cuando está lo suficientemente cerca del vagón ve la pelota tirada en el piso. Sonríe y corre a recogerla aliviado. Y cuando la está levantando una mano lo toma del brazo, lo jala bruscamente y el corazón de Ricardito no agunata y ¡se va, se va, se vaaa!

4 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

¡Ay que feo!
pobre Ricardito.


Bueno el relato, como siempre son geniales.


Saludos.

Yo sólo digo como Cuco Sánchez: "¡DE HABER SABIDO NI NAZCO!". dijo...

Mil gracias a doña mal querida por leerme.

Lau dijo...

Hasta sustico me sentí. Pobre Ricardo. Buen escrito!!

Juan Manuel dijo...

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