26 abr 2009
Envidias particulares
Ése es su secreto, todo mundo tiene uno. Esa chiquilla va a crecer a la sombra de una madre que la odia. Y no sólo ella. El señor que me da la espalda en este momento es tan inseguro que le heredó, transmitió, la inseguridad a su obeso hijo de seis años. “Pobre de mi hijo, lo golpean y lo maltratan sus compañeritos, va a sufrir mucho en la adolescencia” se dice el gordo sujeto.
Ese es su secreto y yo ya lo descifré. La señora de allá también tiene lo suyo, su hija es demasiado soberbia y pretenciosa, igual que la madre, la cual tiene miedo de que su niña se enamore de un patán como su marido, pero no se lo va a decir, porque tiene que guardar las apariencias. Otro secreto.
Incluso la directora es una solterona amargada que necesita urgentemente una relación sexual —que ni se le ocurra voltear para acá—, aunque tiene que guardar las apariencias que una monja, requiere.
¿Yo? No, no tengo secretos, al menos no importantes, si así pudiera llamarles. A mi lado tengo a mi hijo, de cinco años, y no le reprocho nada, aunque tampoco lo animo en sus asuntos y eso, para mí, no es ningún secreto; es normal. Pero desearía tener alguno. Debo de inventarme uno, por puro orgullo mental y social. Me da envidia la gente que si los posee.
Tal vez mi secreto sea que no tengo secretos que guardar.
Carlos Martin, el Director
Junio 2004
25 abr 2009
Desde el Reino de Insolubilia
Insolubilia, Llamaron en el Medievo a las paradojas insolublestautologias o incongruencias
He pasado la tarde encerrada en este sitio, sinceramente el tiempo no lo tengo medido, queriendo arrojar mis cosas al vacío, hago en mi mente una especie de inventario de sus modos y tiempos de caer. En mi bitácora los libros no planean, no despliegan sus hojas, el perchero se convirtió en una estaca, en una aguja, las almohadas en un sueño de plumas confundidas.
No se porque estoy aqui.
Desde mi celda contemplo las estrellas que dibujo con los dedos al aire, en las paredes blancas acolchonadas, no me quejo de nada, aunque estoy harta de estar encerrada. Prosigue la manía enferma de amarrarme cuando comienzo a llamarte, me laceran los brazos y me pinchan con agujas. Hay sonidos que se filtran por la ventanilla de la puerta y rebotan contra estos muros blancos pero no entiendo nada. Un hombre vestido de blanco me pregunta - ¿que es un cuerpo?… Dibujo en el aire la palabra. La palabra estalla y cae al suelo, yo le digo que eso es un cuerpo, porque es de ti de quién me acuerdo.
Eras un peso muerto que caía, un ave en pleno infarto, eras una especie de planta suicida que se atreve a lanzarse por pura inercia desde el balcón de un octavo piso. Viajabas a la velocidad de los cuerpos que han perdido un lugar en la atmósfera, y era un desplome lento de tan mudo sin nada de alas inútiles y sucias, que me atrevería a decir que parecía poético. Tu cuerpo se impactó en el asfalto, sobre las lineas blancas de una calle sucia y llena de fisuras, en el cruce peatonal una mancha roja comenzó a crecer angustiosamente hasta que finalmente halló una forma.
Recuerdo que discutimos como aborrecías que me encerrara en el estudio a escribir sola, decías que yo reinaba en el reino de la insolubilia, leyendo y escribiendo a solas. Pero no me entendias, huia de ti, de tu manera de beber, tu voz aguardientosa y tu aliento pestilente, tus manos sucias, tu equilibrio absurdo y tu mirada brusca, es curioso que ahora para no estar sola, veo pasar las horas sin alterar un ápice de esos momentos tan poco entrañables, me propongo entender, aún cuando siga sin entender porque hablo contigo y los demás no te ven.
Si les digo, me miran como a una loca, yo les digo que hablo contigo, ellos no ven tu sombra, si acaso tropiezo contigo, pasas por mis hombros y flotando te deslizas arrancancandome suspiros, a pesar de la caída abrupta, ahora luces muy bien, esbelto, con mirada fija y ardiente, sonrisa perfecta y dedos largos, tu paso se nota mas apresurado, castaño y blondo el cabello. Será que luces distinto porque estas en tu juicio.
Es curioso que hable contigo mas que cuando estabas en casa conmigo, es una paradoja insoluble, que me halle encerrada aqui, hablando contigo.
Llueve constantemente en las madrugadas abundantes silencios, los sonidos que se logran filtrar allá afuera tienen ruidos ajenos y extraños. Oigo voces en contradicción pura y en mi oreja derecha alguien se afana en que despida a tu sombra; Sigues charlando conmigo, me hablas de la luna deslizando su reflejo a traves de las cortinas de este sitio. Aqui las noches son extrañas, se parecen al exilio.
No me agito en medio del silencio si te hablo, y no hay mayores sobresaltos mas que cuando comienzo a gritarte descontrolada y llorosa, pero ellos vienen a amarrarme y tu nunca lo impides. En la esquina del techo he descubierto tu imagen que se esconde y a veces siento que tu me contemplas si duermo o si tengo miedo. He aprendido a contarte mis sueños y uno que otro secreto, desde aqui es mas sencillo imaginar tus manos que estrecho, me gusta imaginar que las tengo, no se explicar como es que se hace con la hendidura de las heridas, pero sin que suene a masoquismo, me gusta vivir con tu huella, pues la ausencia es una especie de vereda que se puede usar para dormir en ella.
Su presencia es una especie de aviso de tu huella que queda. Yo me evado y me acostumbro, hablo contigo cada noche como en un diálogo entre dios , y entre el diablo, para que existas tu, estoy yo, y para que sea yo, estás tu, hablamos del cielo, del miedo, del infierno los demás dicen que estoy loca, yo digo que estoy mas viva que nunca contigo, con tu sombra.
Nunca había creido antes en la esperanza y ahora solo me queda esperarla.
22 abr 2009
En cuanto a la parte obscura
El recuerdo del doctor con su sonrisita idiota extendiendo sobre su enorme escritorio la receta, haciendo su ya tan fallido teatro de empatía, de explicación lógica y solución eficaz resultaba indignante.
“Estúpido”.
Sentado en la banca del parque sintiendo una rara paz combinada con angustia, regresaban a su mente mil momentos diferentes todos de confusión. Especialmente esa imagen del doctor cuyo consultorio acababa de dejar. Leyó de nuevo la receta en sus manos trantando de reconocer en ella no una medicina si no una respuesta a la situación, tratando de arrancarle a la hoja escrita una razón convincente para aceptar el seguir en ese círculo que se convertía interminable. Esa reciente cita con el médico parecía tener que convertirse en determinante. Recordaba la voz del tipo ya no con rabia, más bien con un poco de asco.
-Es común, no se preocupe, tenemos que cambiar de medicina porque la otra ya no está funcionado.
-Sí me funciona, ya le expliqué, es sólo que ya no la quiero tomar.
-Bueno, como sea ya no le sienta... pasa con muchos pacientes, pero todavía tenemos opciones.
El predecible psiquiatra, tan acostumbrado a su discurso obviando el que frente a él había un ser humano específico y único, intercambiando un recibo nominal por químicos, no escuchaba, su solución era una vez mas mediatizar a través del poder prepotente que le daba su capacidad legal para extender una receta.
-Sí me siento más tranquilo doctor, pero soy otro, pierdo la creatividad, la inventiva, desaparece la pasión en mí... el costo por evitar las depresiones es perder todo lo que soy.
Pero explicar no tenía caso. -Tiene que adaptarse... lo que queremos es evitar el cuadro que presentaba antes y ya lo estamos logrando.
-Sí, lo estamos logrando, eso y también que desaparezca todo lo que soy en realidad.
El médico sonreía condecendiente lo cual era prácticamente una burla. -Usted siga, tome ahora esta nueva medicina a ver si le va mejor con ella.
“Si me va mejor... es decir si me vuelve imbécil de otra manera que le parezca apropiada a quién. ¿Es tan ofensivo lo que soy?, ¿lo es para mí mismo?, ¿tanto como para borrar mi propia naturaleza en pos de complacer a un mundo que no se pone de acuerdo en lo que realmente es?, ¿tanto miedo me doy yo solo que me presté a esto?.”
Ahí en la banca mirando al piso, trataba de analizar los sentimientos, el ansia de liberarse de ese patrón establecido de vivir atento a las órdenes de un reloj que lo hacía creer que su estabilidad pendía de una pastilla. Veía el papel en sus manos con doble impulso; por un lado deshacerse de él con rabia y casi venganza y por otro atesorarlo cuidadosamente inspirado por el miedo de hacer a un lado una vinculación que no alcanzaba a distinguir si psicológica o real.
“Después de todo y aún con mi forma de ver las cosas no me siento diferente del resto, sé que los demás igual pasan por peridodos amargos como los que a mí me suceden pero lo fingen, lo hunden en escapes y divagación... en cambio yo los vivo como son, ¿no es eso tener más valor?, ¿ser más auténtico?. Pero se me juzga como si estuviera rompiendo la armonía del mundo yo solo”.
“Yo lo permití, yo lo propicié”.
La pregunta tan sencilla como si debería continuar dependiendo de un fármaco o saltar al vacío de si mismo respondiendo por el reto de superar las depresiones de una menera propia. Tirar a la basura esa receta y volver a vivir consigo mismo como se conoció antes, radical, creativo, libre pero también amenazado por la angustia que pudiera llegar de la nada en cualquier momento.
La decisión era una tortura. Pero continuar igual quizá más. Era otro tipo de depresíón, menos violenta pero comprada.
Como fuera, brillante o miserable, su vida sin medicinas era la verdad, lo que él mismo era. Por qué huir de si mismo, mucho peor, evitar la responsabilidad de dominar aquella sombra latente y con eso perder la parte admirable de una mente dual pero revolucionaria y libre.
“Esta es la tercer medicina que intento, ¿qué sigue ahora?... me calma pero igual me acaba, no soy ni la sombra de lo que suelo ser cuando estoy limpio”.
Sin embargo el recuerdo de haberlas empezado a tomar por las recurrentes depresiones intensas y torturantes era demasiado atemorizante para apartar el hecho. Sumió la cabeza entre sus manos tratando de sostener la pesadez y también para sentirse protegido del mundo por un momento, su imagen de desesperación era tal en el momento que llamaba la atención de la gente que pasaba pero eso no era importante, lo era en cambio tomar una decisión.
Al levantar la vista de nuevo se percató por un momento de las características del día, del sol que se colaba entre los árboles iluminando el piso de manera desigual y dando una variedad de amarillos especial, volteó entonces a su rededor y vio que los elementos que lo rodeaban eran deslumbrantes y lucían especialmente bien ese medio día en el cual ni la agresiva ciudad de entre semana lograba someter los elementos de un buen verano. Pero era evidente que sólo era una apreciación estética que no iba acompañada por un sentimiento, la fría admiración de un juez. En otro momento de su vida algo así le habría dado una satisfacción especial y emociones casi ilógicas. Esa era precisamente la parte perdida. La vida al extremo. Lo palpable.
Eso trajo orden a las ideas. “No puedo vivir para siempre sometido por mi mismo sin enfrentar mi destino real y pidiendo prestado un mediocre futuro que no es mío si no el resultado de un montón de fármacos que además me traicionan despues de un tiempo. Ayuda por favor, claridad, valor... por favor”, repetía temblando con sudor frio en todo el cuerpo juntando el coraje para tirar ese papel sabiendo que era un acto descomunal de valentía y que una vez más ante los ojos ajenos resultaría absurdo y desmedido.
Al asomarse al bote de basura del parque su profundidad pareció el paradigma de un precipicio inmenso y utópico al cual tenía acceso en ese momento y aunque la reacción inmediata fue miedo ese era el instante de decidir si a ese abismo se iba su dependencia de las medicinas que lo habían borrado del mapa o él mismo y su futuro cualquiera que fuera.
Viéndolo así fue más fácil saber que hacer.
* * *
Tantos años después la intensidad de aquella vivencia ni de ninguna otra son tan vehementes como solían serlo pero la satisfacción de ser él mismo regresó a la historia, la tranquilidad de tomar los caminos y recuperar la apreciación. La pasión es más controlada, cierto, pero no por eso ha dejado de serlo, es sólo más tranquila, hay un poco más de paz en toda esa crónica. No hay medicinas ni futuros que dependan de laboratorio, en todo caso, las sujeciones propias de cualquier destino asimilado y originario, soberano.
En cuanto a la parte obscura, en lo que se refiere a las nubes de tormenta, cuando se acercan sólo hay que recordar insistentemente que las cosas no son ni tan ciertas ni tan definitivas. Ocuparse. Concebir para dominar el vacío; recapitular, o cambiar, o mover, o inventar, o salir, renovar, crear... O escribir.
21 abr 2009
Tú me vuelves loca
“Me vuelves loca” recordó esa frase, cuando la decía entre risas y con los ojos llenos de amor, mientras Rico la cargaba y le daba vueltas en el aire.
Esos recuerdos se interrumpieron por el sonido de los escalones de madera, las pisadas retumbaban en su cabeza mientras él subía corriendo y volvía a bajar una y otra vez. Siguió mirando al techo borroso por su miopía, hacia dos días que Rico había lanzado sus lentes por la ventana y no la había dejado salir a buscarlos. Los mismos días que llevaba sin comer, ya no tenía más fuerzas para preguntarse y simplemente había decidido seguir “descansando” en su cama. Pero los recuerdos se le agolpaban en la cabeza y ya no luchaba contra ellos solo los dejaba fluir.
Hacía un par de años que había llegado a vivir a esa casa, con planes e ilusiones que le alegraban el corazón. Pero poco a poco empezó a descubrir detalles que prefirió dejar pasar cuando sentía que le helaban el corazón.
La señora que le ayudaba con la limpieza la esperaba un día después del trabajo, “Me duele por usted señora, porque es muy buena, pero no se quiere dar cuenta de lo que pasa, su marido me da miedo, hoy me mando llamar a su recamara y estaba ahí desnudo como si nada cuando me empezó a dar ordenes, yo me salí corriendo y me persiguió hasta las escaleras para que le limpiara los zapatos que llevaba en las manos, como si no pasara nada”
-Váyase, ya la escuche, solo váyase.
Pagó lo que le correspondía y la llevo hasta la puerta. Cerro y subió las escaleras para buscarlo, estaba recostado, cuando la vio su rostro se ilumino y le extendió los brazos para abrazarla, ella no pudo decirle nada, solo lo abrazo mientras recordaba unos días antes, cuando regresaba a la casa caminando y vio un grupo de mujeres alarmadas en la banqueta de enfrente se acerco despacio y dirigió la mirada hacia donde ellas veían, estaba Rico desnudo en la ventana, como si solo distraído estuviera observando los árboles.
No hizo ni dijo nada, solo lo abrazaba tratando de entender que era lo que le pasaba a ese hombre que ella había admirado, le daba miedo, que todo lo que había imaginado que sería su vida no era tal, que ese que dormía a su lado era capaz de hacer cosas que ella repudiaba, pero prefería callar porque no quería enfrentar una realidad que empezaba a odiar.
Se propuso seguir y hacer que la vida de él fuera tan buena que pudiera alejarlo de cualquier conducta extraña. Le preparo una comida con verduras y carne y lo llamó temprano a la mesa, se esmero en la presentación del plato, saco una botella de vino. El entro y con una enorme sonrisa vio el escenario, le dio un beso en la frente y se sentó. Cuando ella se dirigía a la cocina por el pan le alcanzo el plato en una pierna y después se desparramo por todo el suelo, paralizada sintió como el la tomaba por el cabello y la jalaba hacia atrás
-Vas a recoger esta mierda que me serviste ¡como se te ocurre que yo pueda comerme esta porquería maldita mediocre! ¡Eres una mediocre mantenida!- Le grito de frente, boca a boca.
La soltó y saco su celular- Mamá, voy para allá, necesito comida de verdad.
Por la noche ella había recogido todo y lloraba mientras trataba de entender que era lo que había hecho mal. Cuando Rico entro a la recamara ella lo volteo a ver con miedo y se levanto de la cama, pero él la abrazo fuerte para que no pudiera soltarse y le dijo cuanto la había extrañado. Como si nada hubiera pasado le platico como había pasado la tarde en casa de sus papás y los problemas que tenían. Ella cerro los ojos y escuchándolo, poco a poco se quedo dormida.
Incidentes así pasaron una y otra vez en los dos años siguientes, a veces ella se le enfrentaba preguntándole porque hacia esas cosas, y él le decía “ Estas loca, yo no hice nada de eso, pinche vieja loca”. Y de verdad logro que terminara pensando que ella era la que lo había hecho, subía a la recamara y se dormía para no pensar.
Hubo una fiesta, aunque Rico le había dicho que nadie la quería, ella deseaba que las cosas ya se compusieran y pudieran ser felices, se empeño en ser la mejor esa noche, se arreglo y durante la fiesta platico con todos, fue amable, atenta y bailo con sus cuñados y primos. Su marido tomo más copas de las de costumbre y no la dejaba de ver. Lo que le causo alegría porque pensó que finalmente se iba a acordar de lo que la quería y las cosas iban a ser como antes.
La fiesta termino y subieron al carro en la madrugada, iban callados, y ella prefería no hablar por temor a echar a perder la noche. De pronto él detuvo el carro y le abrió la puerta,
-¡Bájate!
-¿Por qué?, no hice nada
-Bájate maldita mediocre
Y la empujo, no pudo evitar caerse y vio como él se alejaba mientras la dejaba a media avenida a las 3 de la madrugada, vio como el carro veloz regresaba en un retorno y lo espero. Detuvo el carro a un lado de ella y se bajo, la aventó contra un muro y le empezó a reclamar que ella tenia la culpa de todo lo que le pasaba, por primera vez trato de detenerlo, pero la estatura y el peso no le ayudaron mientras la seguía lanzando una y otra vez contra la pared. La aventó al suelo y ahí le quito el abrigo “Este es mío, yo lo compre”, volvió a subir al carro y la dejo ahí.
Una hora tardo en llegar a su casa, cuando entro, Rico estaba sentado en la sala esperandola, le pregunto porque había tardado tanto.
-Me voy, ya no quiero estar aquí.
-¿Que estas diciendo mediocre?
-Ya me voy
Subió las escaleras y él se lanzo tras ella, la empujo a la recamara y la acostó boca arriba mientras ponía sus rodillas encima de sus hombros “No te vas a ir a ningún lado”
La tuvo así hasta que ella se tranquilizo, Rico salio de la recamara y cerro la puerta con llave.
Pasaron dos días en los que él entraba a llevarle comida y le pedía que lo perdonara, pero en un descuido ella corrió hacia la puerta y bajo las escaleras corriendo, de un salto él la alcanzo y la hizo caer, la tomo de una pierna y empezó a arrastrarla por toda la casa mientras le gritaba que era una puta. Tenía la esperanza de que alguien los escuchara y tocara a la puerta, pero nadie toco y si escucharon no hicieron nada.
La arrastro por toda la casa y cansado de gritar y repetirle las mismas cosas la dejo a un lado y se sentó en un sillón. Se quedo viendo el techo, adolorida, pensando que caso tenía escapar si no quería salir y decirles a todos que su familia era una farsa.
Se levanto y subió las escaleras hacia la recamara. Mientras Rico la observaba cansado y jadeante.
Se recostó en la cama y se cubrió con las cobijas, escucho como su marido iba subiendo las escaleras y los pies descalzos pisaban la alfombra dirigiéndose hacia ella. Se tapo la cara con la colcha con tal de no verlo y sintió como se sentó en el sillón junto a la cama.
Escucho un ruido extraño, como una lija frotándose contra algo, la curiosidad la hizo asomarse y vio como Rico con un enorme cuchillo la veía con la mirada llena de odio mientras lo hacia pasar sobre su pierna, como si estuviera afilándolo, provocándose pequeñas cortadas que hacían brotar poco a poco la sangre.
Indiferente, volvió a cubrirse lentamente y espero, sin importarle gran cosa, que pasará lo que tuviera que pasar, mientras por su mente volvió a sonar aquella frase:
“Me vuelves loca”
20 abr 2009
Juan.
Hombre de 42 años, divorciado, maestro de profesión, físico por pasión, el día que llegó traía consigo un baúl lleno de relojes, una pipa y algo que parecía ser una bitácora. Es obvio que por razones de seguridad no pudimos darle el gusto de ingresar sus pertenencias.
Nuestro primer contacto fue en el pasillo de su habitación, pasé justo a la hora que el salía de la misma, por accidente se me cayó una hoja de mi libreta y el, zafándose del personal de seguridad, se inclinó para alcanzármela.
-Doctor Mont, ha dejado caer este papel mientras pasaba.
Algo que llamó mi atención fue el hecho de que supiera mi identidad sin siquiera haber tenido una sesión con él, pues tenía apenas unas horas en el hospital.
-Como es que sabes mi nombre, Juan.
El balbuceó un poco y después replicó.
-Usted encuentra poco lógico que yo sepa quién es usted, algo que yo no puedo considerar del hecho de que usted sepa mi nombre. Pierda cuidado, aquí todos saben quién es usted, Elisa la recepcionista, Jacobo al que llaman el muñecas, María la llorona, en fin. Venda caro su asombro, mi doctor.
Después de eso, el personal de seguridad se lo llevo a los jardines. Se trataba de un paciente interesante, muy interesante.
Días después, lo encontré en los jardines, sentado, mirando al cielo y silbando una canción que me pareció conocida.
-Que es exactamente lo que silbas, Juan.
-Doctor Mont, buenos días. Jmmm se trata del himno de la alegría.
-Entonces estás contento aquí, ¿eh?
-Qué va, doctor, me ayuda a salir de la monotonía del lugar y a olvidar lo deprimente que es.
Ignoré el comentario, pero no dejo de parecerme algo a considerar.
-Mañana es nuestra primera sesión, Juan.
-¿Y cómo se siente, doctor?
-No podrías entenderlo a menos que fueras un psiquiatra, Juan.
-Hasta mañana entonces, doctor.
Al otro día entré a mi consultorio, y estaba sentado frente a mi escritorio.
-Buenos días doctor.
- Veo que has llegado temprano, Juan.
-La puntualidad es un don de reyes, aunque en este caso el halago debería recibirlo el personal de seguridad, quienes me sacan de mi habitación para traerme hasta aquí.
-¿Quién eres en realidad, Juan? Tus respuestas siempre me impregnan de cierto grado de intriga.
-Descubrirlo será su trabajo, yo, solo puedo decirle que soy – Empezó a hacer ruidos extraños y distorsionados con su boca, al final con voz grave y tranquila dijo- nadie, yo no soy nadie, doctor.
La respuesta hizo que una aguja llena de misterio atravesará mi espalda, era la primera manifestación de locura que experimentaba frente a él, y me hizo un gran nudo en la garganta.
-Los relojes, ¿eres coleccionista de relojes?
-Mi padre fue un maestro relojero, dedicó su vida entera a reparar las complejas maquinarias que gradúan y miden el tiempo, podemos considerarlo una manía, si usted lo desea.
-Mi gusto y predilección no tienen cabida en mi análisis, Juan, tu respuesta está lejos de satisfacerme, ¿Qué exactamente representan todos estos relojes?
-Es usted un hombre testarudo, doctor, no esperaba menos.
Normalmente el tiempo rige la mayoría de nuestras vidas, tenemos un horario para dormir, un horario para comer, un horario para despertar, somos esclavos del tiempo, lo ve, es solo eso. Una manía por el puto tiempo.
-¿Porque te mutilas?
-Yo no hago nada que nadie más no haga. Por años seguí las reglas, medía los riesgos, pensaba un par de veces cada movimiento que hacía, buscaba razones para todo, hasta que conocí a la que fue mi esposa, me casé con ella sin una razón lógica y sin tomar en cuenta los riesgos, después descubrí que me era infiel y hundió mi vida en un profundo charco de fango.
Sabe, ella era feliz, la felicidad no se puede ocultar, de ninguna manera. Y aún así decidió echar todo por la borda.
Es la naturaleza del ser humano, destruir, destruir todo, consumir cuanto bulto de algo este a su alcance, consumirse a sí mismo, por eso mi mutilación, me canse de ver como todos se comían unos a otros, me cansé de ver la mierda en la que todos estaban sumidos.
¿No la ve doctor? ¿De verdad se tiene que estar loco para verla?
-Veo que de pronto experimentas un cuadro de odio hacia todo aquel que ose caminar a tu alrededor.
-No busque catalizadores ni culpables, doctor, no caiga en ese error. Ayúdeme a encontrar una manera de suprimir este problema, traté de hacerlo por mí mismo, pero aún con todos mis estudios me es imposible entender algo que esté fuera de las ciencias exactas.
-Ahí radica tu error, Juan, hay muchas cosas que no puedes explicar con ciencias exactas, si metes un problema siquiátrico en una máquina que soluciona problemas mecánicos y exactos, tu maquina explotara, y creo que sabes cuál es el resultado final.
La próxima vez que vea un toque de psicoanálisis hacia mí en tus respuestas, cancelaré la sesión.