Me llegó por correo mientras dormitaba en casa, el paquete burdo traía escrito con caligrafía impecable mi nombre: “Roberto”. Intente ser delicado pero el aroma a tí me obligo a desgarrar el papel para encontrarme con una de esas enormes tarjetas que hacían desvelarte mientras las creabas, de esas que cuando abres saltan las figuras en tercera dimensión.
Brincaste como intentando llegar a mis brazos, pero las manos fuertes de ese salvavidas te regresaron al trampolín, con tu bikini ajustadito saltabas hacía la alberca, como regalando olores y flores, los que estaban detrás sonreían y te veían felices, llenos de alegría de ver como se te iluminaba la carita en cada salto, lanzando gritos de gozo, bebiendo coloridos cockteles, y tú, tú siempre lista y presta en ese mundo tan fastuoso, con ese de brazos fuertes deteniéndote en cada intento por llegar a mi…
Y yo, aquí sentado sin lograr ni un solo brinco que me llevará a ti.
Daniel recordó a aquel maestro de ética cuando a sus 16 años les repetía en la clase de ética que “no hay nadie” era una negación.
Sigue sentado en el sillón de la sala desde donde se ve su recamara, la puerta abierta y los vecinos silenciosos, de repente creia escuchar las pisadas de algún insecto, pero no volteaba por no despegar la vista de su objetivo.
“No hay nadie”, si se lo repetía podía ser que se terminará de convencer y se dirigiera finalmente hasta su cama para descansar. Llevaba más de cuatro horas ahí sentado desde que al apagar las noticias en la televisión “sintió” a su visita.
“No hay nadie”, es decir, que si hay alguien, o de verdad no hay nadie. El silencio se le iba haciendo cada vez más pesado y no pretendía imaginar que iba a pasar, la boca seca y la respiración cortada para no llamar la atención.
Se imagino sentado frente al mar, viendo las olas ir y venir, en silencio, ir y venir, como una sombra enorme, ir y venir, que se acerca en silencio, no hay nadie, solo ese hombre idéntico a él, que sentado en su cama le ve en silencio, quieto, sin hacer movimiento que lo delate, mientras seguramente intenta convencerse de que “no hay nadie”.
Cuando muero, me gusta escuchar quien se lamenta por mi ausencia, me siento quietecita frente a ellos, sin hacer ruido para escuchar como van en crescendo sus aullidos, de un simple quejido a tremendos gritos. Supongo se desahogan con eso. Algunos se empeñan tanto en la labor de sufrir que hasta olvidan lo que les provocó tal estado, se olvidan de mí más pronto de lo que me hubiera gustado, y me alejo cuando los veo ensayar sus lágrimas frente al espejo. No era lo que yo esperaba.
Cuando muero me pregunto a quien le habrá afectado hasta el alma y me dirijo irremediablemente a la habitación oscura del que a mi me dolería mas. Me acurruco en su cama desarreglada y espero a que llegue ya entrada la noche, lo escucho llorar un poco como aquella vez en el baño de mi casa y prefiero salir corriendo por no soportar volver a verlo sufrir.
Cuando muero releo lo que escribí en aquel cuaderno negro con la pluma de tinta plata, los nombres con teléfono y dirección de todas las personas con las que salí, a detalle el día, la hora y el lugar donde los iba a encontrar. Como si a alguien le hubiera importado saberlo.
Me pregunto si alguien me leerá, si me extrañara o me recordará.
Cuando muero, prefiero no jugar a ver quien hace qué, mejor cierro los ojos y vuelvo a despertar.
La primera vez que Mario y Laura hablaron de divorcio se imaginaban como esas parejas modernas que se citaban a un café con sus nuevas respectivas parejas.
Eso no pasó…y no por ella, él creyendo conocerla, no le aviso a los seis meses que se casaba con otra, para no verla llegar a la ceremonia con una escopeta pretendiendo asesinar a los contrayentes.
Él creyendo que un nuevo matrimonio le devolvería la felicidad, intento mantener durante varios meses lo que no existía. Pensando conocer a Laura, no le hizo saber que se había divorciado nuevamente, no quería hacerla sentir mal.
Mario, paso meses intentando con una Diana, creyó encontrar con Adriana lo que buscaba, Rosa pudo dar mas señales pero no fue suficiente. Tras dos Silvias opto por guardarse unos meses para pensar.
Muchas borracheras, discusiones y confesiones después, acepto y decidió lo que tenía que hacer: Buscar a Laura.
Conociéndola, sabía que seguía sola, adivinando su proceder, estaba seguro de que cuando la buscara ella comprensiva lo iba a escuchar y a recibirlo con los brazos abiertos, otra vez.
Redacto con cuidado y mesura un e-mail para hacerle saber cuanto la extrañaba y la seguía amando.
Ella contestó, y como Mario lo había declarado, Laura aceptó verlo.
Laura se maquilla frente al espejo, se desarregla un poco el cabello con las manos para verse más sensual. Conociendo a Mario, sabeque le va a tomar un par de años reconocer su error y regresar, solo es cuestión de esperar. Ahora como las parejas modernas, van a salir a cenar, solo tiene esa tormenta en la cabeza por algo tan banal, no sabe si llevar la pistola que su ex marido le regaló o de plano se mancha las manos de sangre con la daga de su abuelo.
La época de crisis me ha vuelto rica y exitosa, sin querer.
Igual que Silvia Plant he intentado desesperada y maldita suicidarme una y otra vez… sin mucho éxito.
Contrario a lo que escribía Benedetti, no me place hacerlo en domingo, para cuando me encuentren ya estaría fría y tiesa, y seguramente luciría descompuesta.
Los intentos desde que tenía catorce años siempre se han visto frustrados por eternas situaciones. Con cuchillo en mano pensaba que tenía que esperar a mi padre que estaba de viaje, que si lograba entrar a la universidad sería más dramático hacerlo sobre los papeles llenos de bocetos en sanguina.
La melancolía me ha invadido una y otra vez inundándome de frascos de pastillas, de navajas sin filo, de venenos baratos. El problema es que solo termino rota y mientras remiendo pedacitos, retomo el plan infalible que me ayude a llegar al final.
Buscando salidas en Internet encontré mucha gente ansiosa, como yo. Mortificada de leer sus historias decidí ayudarlas. Nos unía el mismo problema, ya nadie creía que lo haríamos.
Fue muy fácil, solo les doy una manita para que no haya más pretextos. Sin dejar huellas, con total garantía preparo todo al detalle para que nadie dude que fue por propia mano.
Eso me agrada, pero he tenido que postergar un poco más mis propios planes, ¡tengo tantas llamadas que atender… !
Decidí que ya no voy a pensar más en ti…los días pares.
Esos días los usaré para peinarme el cabello loco y revoltoso, solo para echarme a la cara toda la melena lacia. Me pintare la boca de rosa, me pondré los tacones altos y no encenderé la televisión, a cambio caminaré por la ciudad para reírme a carcajadas sordas con mis amigos, entraré a las salas de cine a aventar palomitas azules y a patearle el asiento al de a lado. Adicta a los cambios descompondré los sueños para hacerlos realidades, regalaré miradas frías y tiraré por el desagüe a los mentirosos bufones, vomitaré pedazos de recuerdos, bailaré, giraré, elegiré, gustaré, besaré, me quemaré…
Pero a veces, siempre a veces, llegarán los días impares…esos días lamentaré la falta de aliento y en menos de un minuto me esconderé.
El tipo que vivía a la vuelta de mi casa siempre, invariablemente, tuvo suerte con las mujeres, era infalible, el incondicional, se convertía en el mas compresivo, en el perfecto compañero, los defectos de sus mujeres los encontraba tolerantes, les decía que no se preocuparan si acaso ellas llegaban a sentirse inseguras. Si a la mujer en turno le gustaba hacer ejercicio se convertía en el mejor atleta, si le gustaba el rock, con chamarra de piel era rockero, conoció a Andrea, a quien le fascinaban las comedias románticas, amor de cine día y noche, le presentaron a Rita quien acababa de llegar de Madrid, él tenía ascendencia española. Se volvió chef, músico, escritor, chino, blanco, negro, fotógrafo, escultor…
Se metamorfoseaba sin complicaciones y después se acostaba con ellas, convertido en el hombre que esperaban y deseaban en su vida. Filas eternas de mujeres que entraban y salían de su departamento, llenas de esperanza, satisfechas y halagadas.
El tipo un día dejo de abrir sus cortinas, no volvió a salir a la calle, no más mujeres hermosas esperando en su puerta.
Días antes le presentaron en un bar a Gina, ella después del primer trago, le dijo con ojos llenos de lujuria, que adoraba a los hijos de puta, que le excitaba sobremanera estar con hombres que no eran más que una porquería. Dicen que fue tan terrible intentar ser él mismo, que simplemente ese día el sol se le extinguió.
Ha pasado por mi al trabajo cada martes, dice que es bueno que tengamos un día a la semana para vernos, me espera a que salga y después caminamos como siempre hasta el cafecito, me pregunta como si de verdad le interesara como me ha ido en el trabajo, que si he hecho nuevos amigos, gasta sus palabras haciéndome saber lo bien que le fue con el nuevo proyecto y espera mi sonrisa aprobatoria, se esfuerza pidiendo el latte que sabe es mi preferido, paga la cuenta para de inmediato voltear y verme con tremenda cara de satisfacción. Piensa que yo no me doy cuenta, pero cada vez que conversamos me mira tan atento que solo yo noto como se roba mis pensamientos, me sorprende que sabiéndome tan listo no haya sido capaz de deducir que ya lo había descubierto, interrogándome cada vez de cómo hago las cosas, para hacerlas después él paso a paso, fiel copia de mi, quizás intentando superarme y ser mejor. Esta tarde lo he sorprendido, me he adelantado y sabiendo que me quedaría solo en la oficina, le pedí que pasara a revisar mi último diseño, sabía que se sentiría tan halagado de pedirle su opinión no se iba a negar. Ahora me pregunto ¿que haría él en mi lugar? ¿Como resolvería la situación tratando de ser como y mejor que yo? Como deshacerme de su cuerpo y sobre todo…¿le cerraré de una vez los ojos?, siento que me mira y quizás adivine que no se como hacerlo.
Son las once cuarenta y cinco, casi las doce,me angustia saber si van a cerrar el café y no voy a ser capaz de soltarte de una vez por todas el discurso, quizás si dejo de preocuparme por ti, porque todo va a estar bien, cuando te lo diga encontrarás como siempre una salida, giraras rápidamente y te dirigirás a la puerta de emergencia, nadie morirá ni te soltaras a llorar, tal vez cuando corras tratando de dejarme atrás se te haga un nudo en la garganta, vas a tomar un taxi que te lleve pronto a tu casa, subirás corriendo la escalera y cuando entres te desnudaras lentamente, tomarás un baño en la tina mientras cierras los ojos fuerte durante 160 segundos, cuando los abras te frotaras con la esponja como consolándote, y agradecerás subir las escaleras corriendo cuando sientas tu piel firme y tersa, te dará lastima pensar en lo desaprovechada que va a estar esa noche y saldrás a buscar en los cajones donde guardaste el teléfono de aquel chico que insiste en invitarte a bailar, le llamarás y él gustoso prometerá llegar en veinte minutos. Le esperarás en bata para no perder tanto tiempo, tomaras un trago de jalón para darte valor y cuando llegue le harás el amor de manera salvaje hasta la siguiente mañana…
Son las once cuarenta y cinco, casi las doce, me acerco a ti y te propongo nos vayamos antes de que nos corran del café, que tengo ganas de hacerte el amor de manera salvaje hasta que amanezca.
La ventana de la recamara de Elías da a un lado de la calle, la curiosidad por escuchar las conversaciones se va convirtiendo en mortificación, por la señora que apura a su hijo para ir a la escuela mientras lo regaña por no haberse terminado el licuado, la niña que grita a sus amigas que la esperen, de la novia celosa que reclama a su compañero porque saludo a la Lourdes, del hombre de voz tosca que en una llamada pone precio a su trabajo para matar a una mujer…
No puede dejar de “verlos” toda la noche, de adivinar sus caras, de preguntarse si el novio acosado finalmente le dio un golpe a la celosa, si el niño deliberadamente sigue sin tomarse el licuado, atormentándose por el destino de la mujer que quizás sea tan despreciable que alguien es capaz de pagar por desaparecerla…
Intenta de todo para conciliar el sueño, hasta que comprende que la cosa es más sencilla de lo que se cree. Funciona más o menos así, ellos no existían antes, por la simple razón de que no sabía de su existencia, de pronto los rostros adivinados se van decolorando, mientras da la espalda a la ventana se olvida de la música que pone para dormir, se va fundiendo en su sueño hasta que la voz del que canta se va borrando hasta desaparecer, anulada, junto con el ruido del fondo.
Necio y con su vasito de veladora en la mano derecha Guadalupe caminaba coqueto aventando sonrisas a ver quien le regalaba un poquitín de agua para llenar las nubes y lograr una buena llovizna. Su plan era sencillo y sin mucho rodeo: ir de casa en casa durante seis días pidiendo agua para arrojarla al cielo hasta que se juntase la suficiente para que se pudiera precipitar generando una abundante lluvia… y a lo mejor un relámpago o dos, eso ya sería ganancia extra.
El buen Guadalupe ya había logrado llenar poco más de cuarenta y cinco vasos durante su primer día de acopio, los cuales, inmediato de ser adquiridos eran arrojados al cielo exactamente desde un pequeño claro con forma de estrella que había encontrado cerca del camino que iba a la cueva del murciélago blanco, allá por donde comenzaba la sierra. Lamentablemente Lupe aún no lograba realizar con éxito ni un sólo lanzamiento porque el agua se negaba subir más allá de dos metros y terca se resistía a alcanzar el cielo.
Sin embargo esto no fue un impedimento para que el buen Lupe dejará a un lado su empresa, que hubiera alcanzado destellos de eternidad si en una de esas que iba por centésima ves camino al claro estelar no hubiera escuchado una voz tan rasposa y e impertinente que lo llamaba.
-Oye Lupe ¿A dónde vas con ese vaso?
Lupe, volteó rápido y sagaz intentado ubicar el origen de la voz, pero no atinaba a descubrir de donde provenía.
-¿Quién me habla?
Cuestionó imperante, mientras buscaba ansioso a su alrededor quien lo interrumpía en su noble tarea.
-No seas güey así no vas a llenar las nubes…
Insistió la impertinente voz y fue en ese momento cuando Lupe bajó la vista y descubrió como a unos tres metros una florecilla que con lengua soez y sonrisa cruzada de malviviente.
Larga y amarilla, con las hojas mordidas y de semblante macabro la condenada sonreía sardónica ante el asombro del pretencioso buscalluvias.
-Si Lupe no seas tarugo, así no se hacen las cosas hay que ser más abusado… yo te puedo ayudar si tu quieres.
Saliendo de su asombro Lupe recupero el aliento y la forma.
-¿Porqué me hablas, si se supone que la yerba no habla?
-No seas cabrón, yo soy una florecita no pasto cualquiera
-Bueno ¿Porqué hablas flor? Si las flores no hablan
-Pues porque soy una flor muy piocha, pero que te parece si no cuestionas lo que no entiendes y mejor me dices si quieres que te ayude o no, ándale
-Pero tu no me puedes ayudar a llevar agua a las nubes porque no caminas ni tienes manos para cargar
-Pero si serás tan güey Lupito , si yo no voy a cargar nada nomás te voy a decir como le hagas, pero antes me tienes que hacer un favor
-¿Yo a ti en que te podría ayudar?
-Pues mira, como tú sabes las florecitas necesitamos agua para crecer y no morirnos, entonces si tu en lugar de andar aventando agua a lo tarugo me la das a mi, yo puedo crecer tan alto que alcanzaría el cielo y allí podría hablar con las nubes que pasen y pues les cuento que quieres que llueva… a todo esto ¿Para que quieres que llueva?
-Pues porque no me gusta que la tierra este seca, me gusta el olor a tierra mojada y que y que los ríos corran con fuerza y todo eso que hace el agua
-Mira tu que noble me has salido ¿Entonces como ves?
-Pues no se…¿Tú para que quieres llegar al cielo?
-Que te importa tu ayúdame y yo te consigo la lluvia
-¿Pero y si eres extraterretre y quieres llegar hasta allá para ver a tus amigos y regresar con ellos para conquistar la tierra?
La florecita lo miró a los ojos profundamente suspiro y dijo: No mames.
-La verdad es que soy un princesa encantada por un pinche bruja que me convirtió en esta flor rastrera que ves, entonces si tu me echas mucha agua se romperá el maleficio y me convertiré en una hermosa mujer que te pertenecerá y vivirá contigo hasta el fin de los días
-¿Te cai? – dijo Lupe emocionado
- Deveras eres idiota maestro
-Oh!
Para ese entonces Lupe ya comenzaba a temblar por las ganas de seguir con su tarea, una fuerza misteriosa y salvaje recorría sus venas y lo impulsaba a seguir llevando agua al claro de estrella para arrojarla al cielo.
-Ya me tengo que ir flor tengo que hacer que llueva
-¿O sea que no me vas a regar desgraciado?
-Pero es que no sé…
Cada momento que pasaba Lupe se ponía más tenso y comenzaba a sufrir desde cada una de sus fibras porque no podía seguir arrojando agua al cielo, sentía de imperante manera que tenía que ir al claro de estrella.
-Está bien mira la cosa es fácil, soy una pinche flor que lleva aquí toda su perra vida sin poder ir a ningún lado y ya me aburrí, así que quiero crecer hasta alcanzar el cielo momás pa´conocer ¿Cómo ves?
-Híjole no sé
-¡Ándale!
-Pero y si eres extraterrestre y…
-Me lleva la venenosa… ¡que no!
-Mmm no sé
-Sabes qué –dijo tremebunda- ya bailó Bertha, no vuelvo hablar con tarados buena onda, no llega uno a ningún lado, ya no quiero nada
-Ahora yo soy el tonto- dijo Lupe un poco triste
-Me recargo en la pared… eres tan buena gente que rayas en lo bestia y nomás por eso te voy a contar la verdad para que salgas de tu error
-¿Si?
-Sí
-Cierra los ojos
-Ah! Y si mi haces algo
-Pero si ni siquiera puedo caminar idiota ¡cierra los ojos! Ordenó la flor
-Esta bien, pues
-Ahora concéntrate, piensa en tu casa, tu pueblo, los senderos que caminas todos los días, los olores y sobre todo haste una pregunta ¿Deveras hablan las flores?
-No pues no
-¡Quihúbole! Siente lo que te rodea, lo que estás haciendo, siente ese vaso lleno de agua que traes entre las manos, tomaló con fuerza y vacíalo lentamente en tu pecho y piensa en que tan lejos está el claro de estrella…
Y Lupe obedeció paso a paso y el agua recorrió su cuerpo lentamente avanzando certera y sintió que todo lo que lo rodeaba comenzó a derretirse y la voz de la flor a escucharse cada ves más lejana y silenciosa.
El agua humedeció sus ropas y siguió su camino por su estomago y sus piernas y entonces Lupe abrio los ojos: No estaba donde estaba, no había tierra seca, ni vías del tren abandonadas, ni un camino siquiera; todo era penumbra. Tras un pequeño esfuerzo y acostumbrados ya sus ojos a la oscuridad logro descubrir a la distancia una puerta abierta y tras el umbral su tapete de estrella que tanto le gustaba y enseguida la taza de baño con la tapa cerrada y sobre la caja una girasol seco en una botella que aún conservaba algunos pétalos en muy mal estado. Regalo de su abuela Maria Luna al que se había prometido poner aguapara que no muriera.
El Texto es de Pablo Rétiz, de Hell´s Kitchen y no hay más que decir
“Me vuelves loca” recordó esa frase, cuando la decía entre risas y con los ojos llenos de amor, mientras Rico la cargaba y le daba vueltas en el aire.
Esos recuerdos se interrumpieron por el sonido de los escalones de madera, las pisadas retumbaban en su cabeza mientras él subía corriendo y volvía a bajar una y otra vez. Siguió mirando al techo borroso por su miopía, hacia dos días que Rico había lanzado sus lentes por la ventana y no la había dejado salir a buscarlos. Los mismos días que llevaba sin comer, ya no tenía más fuerzas para preguntarse y simplemente había decidido seguir “descansando” en su cama. Pero los recuerdos se le agolpaban en la cabeza y ya no luchaba contra ellos solo los dejaba fluir.
Hacía un par de años que había llegado a vivir a esa casa, con planes e ilusiones que le alegraban el corazón. Pero poco a poco empezó a descubrir detalles que prefirió dejar pasar cuando sentía que le helaban el corazón.
La señora que le ayudaba con la limpieza la esperaba un día después del trabajo, “Me duele por usted señora, porque es muy buena, pero no se quiere dar cuenta de lo que pasa, su marido me da miedo, hoy me mando llamar a su recamara y estaba ahí desnudo como si nada cuando me empezó a dar ordenes, yo me salí corriendo y me persiguió hasta las escaleras para que le limpiara los zapatos que llevaba en las manos, como si no pasara nada”
-Váyase, ya la escuche, solo váyase.
Pagó lo que le correspondía y la llevo hasta la puerta. Cerro y subió las escaleras para buscarlo, estaba recostado, cuando la vio su rostro se ilumino y le extendió los brazos para abrazarla, ella no pudo decirle nada, solo lo abrazo mientras recordaba unos días antes, cuando regresaba a la casa caminando y vio un grupo de mujeres alarmadas en la banqueta de enfrente se acerco despacio y dirigió la mirada hacia donde ellas veían, estaba Rico desnudo en la ventana, como si solo distraído estuviera observando los árboles.
No hizo ni dijo nada, solo lo abrazaba tratando de entender que era lo que le pasaba a ese hombre que ella había admirado, le daba miedo, que todo lo que había imaginado que sería su vida no era tal, que ese que dormía a su lado era capaz de hacer cosas que ella repudiaba, pero prefería callar porque no quería enfrentar una realidad que empezaba a odiar.
Se propuso seguir y hacer que la vida de él fuera tan buena que pudiera alejarlo de cualquier conducta extraña. Le preparo una comida con verduras y carne y lo llamó temprano a la mesa, se esmero en la presentación del plato, saco una botella de vino. El entro y con una enorme sonrisa vio el escenario, le dio un beso en la frente y se sentó. Cuando ella se dirigía a la cocina por el pan le alcanzo el plato en una pierna y después se desparramo por todo el suelo, paralizada sintió como el la tomaba por el cabello y la jalaba hacia atrás
-Vas a recoger esta mierda que me serviste ¡como se te ocurre que yo pueda comerme esta porquería maldita mediocre! ¡Eres una mediocre mantenida!- Le grito de frente, boca a boca.
La soltó y saco su celular- Mamá, voy para allá, necesito comida de verdad.
Por la noche ella había recogido todo y lloraba mientras trataba de entender que era lo que había hecho mal. Cuando Rico entro a la recamara ella lo volteo a ver con miedo y se levanto de la cama, pero él la abrazo fuerte para que no pudiera soltarse y le dijo cuanto la había extrañado. Como si nada hubiera pasado le platico como había pasado la tarde en casa de sus papás y los problemas que tenían. Ella cerro los ojos y escuchándolo, poco a poco se quedo dormida.
Incidentes así pasaron una y otra vez en los dos años siguientes, a veces ella se le enfrentaba preguntándole porque hacia esas cosas, y él le decía “ Estas loca, yo no hice nada de eso, pinche vieja loca”. Y de verdad logro que terminara pensando que ella era la que lo había hecho, subía a la recamara y se dormía para no pensar.
Hubo una fiesta, aunque Rico le había dicho que nadie la quería, ella deseaba que las cosas ya se compusieran y pudieran ser felices, se empeño en ser la mejor esa noche, se arreglo y durante la fiesta platico con todos, fue amable, atenta y bailo con sus cuñados y primos. Su marido tomo más copas de las de costumbre y no la dejaba de ver. Lo que le causo alegría porque pensó que finalmente se iba a acordar de lo que la quería y las cosas iban a ser como antes.
La fiesta termino y subieron al carro en la madrugada, iban callados, y ella prefería no hablar por temor a echar a perderla noche. De pronto él detuvo el carro y le abrió la puerta,
-¡Bájate!
-¿Por qué?, no hice nada
-Bájate maldita mediocre
Y la empujo, no pudo evitar caerse y vio como él se alejaba mientras la dejaba a media avenida a las 3 de la madrugada, vio como el carro veloz regresaba en un retorno y lo espero. Detuvo el carro a un lado de ella y se bajo, la aventó contra un muro y le empezó a reclamar que ella tenia la culpa de todo lo que le pasaba, por primera vez trato de detenerlo, pero la estatura y el peso no le ayudaron mientras la seguía lanzando una y otra vez contra la pared. La aventó al suelo y ahí le quito el abrigo “Este es mío, yo lo compre”, volvió a subir al carro y la dejo ahí.
Una hora tardo en llegar a su casa, cuando entro, Rico estaba sentado en la sala esperandola, le pregunto porque había tardado tanto.
-Me voy, ya no quiero estar aquí.
-¿Que estas diciendo mediocre?
-Ya me voy
Subió las escaleras y él se lanzo tras ella, la empujo a la recamara y la acostó boca arriba mientras ponía sus rodillas encima de sus hombros “No te vas a ir a ningún lado”
La tuvo así hasta que ella se tranquilizo, Rico salio de la recamara y cerro la puerta con llave.
Pasaron dos días en los que él entraba a llevarle comida y le pedía que lo perdonara, pero en un descuido ella corrió hacia la puerta y bajo las escaleras corriendo, de un salto él la alcanzo y la hizo caer, la tomo de una pierna y empezó a arrastrarla por toda la casa mientras le gritaba que era una puta. Tenía la esperanza de que alguien los escuchara y tocara a la puerta, pero nadie toco y si escucharon no hicieron nada.
La arrastro por toda la casa y cansado de gritar y repetirle las mismas cosas la dejo a un lado y se sentó en un sillón. Se quedo viendo el techo, adolorida, pensando que caso tenía escapar si no quería salir y decirles a todos que su familia era una farsa.
Se levanto y subió las escaleras hacia la recamara. Mientras Rico la observaba cansado y jadeante.
Se recostó en la cama y se cubrió con las cobijas, escucho como su marido iba subiendo las escaleras y los pies descalzos pisaban la alfombra dirigiéndose hacia ella. Se tapo la cara con la colcha con tal de no verlo y sintió como se sentó en el sillón junto a la cama.
Escucho un ruido extraño, como una lija frotándose contra algo, la curiosidad la hizo asomarse y vio como Rico con un enorme cuchillo la veía con la mirada llena de odio mientras lo hacia pasar sobre su pierna, como si estuviera afilándolo, provocándosepequeñas cortadas que hacían brotar poco a poco la sangre.
Indiferente, volvió a cubrirse lentamente y espero, sin importarle gran cosa, que pasará lo que tuviera que pasar, mientras por su mente volvió a sonar aquella frase:
Cuando éramos niños mi papá intento hacernos personas de bien, empezando por inculcarnos la lectura.
Nos compro una enciclopedia de cuentos infantiles, nos pedía que leyéramos uno y por la noche durante la cena se lo contáramos. Yo elegía el mío y esperaba ansiosa a que me tocara mi turno, aunque después de unos días no tenía que esperar nada porque simple y sencillamente a mis hermanos no les intereso y dejaron de leer.
Creo que lo que me gustaba era imaginarme dentro del cuento y pensar que todas esas historias de hadas y princesas podían ser verdad. Hasta a mi mascota, que era una perra marca libre, la adivinaba como una bruja buena que me cuidaba de mis travesuras.
Pero pocos meses me duraron los tomos y empecé a buscar por otro lado.
Fui a una feria del libro con mi papá y ahí compre mis primeros dos libros.
Mujercitas, de LouisaMayAlcott, por supuesto yo me imaginaba en Jo, que era rebelde y medio loca, me subía a los árboles y les pegaba a los niños en mi actitud machorra que según yo se parecía al personaje. Hasta quedaba con el número de hermanos que éramos, claro, tenía que convertir a los dos menores en niñas, pero no importaba porque en características se parecían, y si les daba dinero se dejaban poner una falda, por unos minutos claro, después me daban golpes.
¿Cuál fue el otro libro?, ni mas ni menos que la metamorfosis de FranzKafka, ¿porque lo elegí?, no lo sé, no tenía yo en la primaria mayores referencias, vi una ilustración de un enorme escarabajo en la portada, se lo enseñe a mi papá que me miro extrañado y me dijo que si, que lo llevará.
Como aplica un libro existencialista en una niña de 9 años, no sé si entendí la esencia de la vida, pero me hizo tener pesadillas horribles convirtiéndome en ellas en escarabajo.
Aún así lo seguí leyendo. Me iba a la escuela caminando lentamente con mi gran caparazón en la espalda (que en realidad era mi mochila), llegaba al salón, veía a mis compañeros con rostro indiferente y no les hablaba, lo que los asustaba un poco, pero pensaba que los animales no hablan y menos uno tan feo como el que yo era.
No paso mucho tiempo antes de que mis amigas se cansaran de mi mutismo y se fueran a jugar a otro lado y claro, tampoco paso mucho tiempo para que yo viera que era mas divertido jugar resorte que quedarme acostada de lado en una banca porque mis patas no sostenían mi cuerpo.
Rápidamente, como buena niña olvide mi anterior transformación, cayeron otro libros en mis manos y no se me ha antojado volver a leer el porque Gregor decidió dejar de cargar con la responsabilidad de su familia y transformarse en ese ser codependiente. No lo sé y no lo quiero saber.
Son 13:27 y estoy escondida en los rincones, temerosa que alguien me vea, si, igual que la pobre muñeca fea, todo por cometer nuevamente mi estupidez de perder dinero, solo que ahora fueron 60,000.00 y con eso tenía que pagar la luz, el agua y llevar leche.
Mi mamá me mando al centro y cuando llegue al banco me forme en una fila larguisima, me había puesto una chamarra de mi hermano que me quedaba enorme y metí el dinero en una de las bolsas. Cuando después de mil horas me toco el turno, busque y busque, sentí como el estomago se me iba hasta la boca, seguí metiendo la mano en las otras bolsas, las del pantalón, en la blusa, en los chones,pero nada de los malditos billetes, así que antes de llorar enfrente de la cajera, me salí a llorar a la calle y me fui caminando hasta mi casa.
Por supuesto que mi mami cuando se entero me lanzo todo su repertorio de sinónimos de tonta y ya no me dejo ir a la casa de Betty ni al partido de basquetball y no puedo dejar de llorar de amargura.
Estoy muy aburrida, pienso que tal vez te fuiste de viaje ¿Por qué no contestas cuando te llamo?, creo que estas vacaciones son un asco prefiero estar en clases, mi papi ya no me quiere comprar otro armazón.
Ahora son 10:27 y ya estoy acostada, fui a la casa de Ross y ahí se me ocurrió la idea de hacer este cuaderno, mientras ella hacia su tarea, yo pegue el papel e hice los dibujos, ya hace rato que lo termine y ahora te escribo aquí porque no me dejan ir a verte y te extraño. Me pregunto si después de estas vacaciones, cuando entremos a la escuela todavía te acuerdes de mi.
Hace rato llego mi papi, mi mami le dijo que yo le había perdido el dinero y me empezaron a decir que nunca tengo los pies en la tierra, que siempre tengo la cabeza en otra parte, que solo me la paso escribiendo cartitas, dibujando y cantando, que siempre me voy a lo fácil, ¡en fin!, mencionaron todas mis cualidades y como se me subio el ego preferí irme a mi recamara a escuchar a Mecano.
Te quiero decir otra vez que te quiero en serio, y por lo del otro día de tu pregunta acerca de que si así era con Javier o con Víctor, ahora respondo que nunca había querido a nadie, por eso a veces me desespera que…bueno otro día te lo cuento.
Las quinceañeras, supongo, sueñan con vestidos grandes y rosas, supongo, con pasteles grandes lilas, supongo, y con montones de flores en tonos pastel que adornen su fiesta, supongo.
Y solo lo supongo porque yo en ese entonces me peleaba con mi madre pidiéndole un piano negro en lugar de todo ese mitote. Por supuesto, yo no gane la discusión y todavía recuerdo el tul almidonado y rosa de mi vestido.
Y es que desde que era niña, no me he sentido identificada con esos colores que se supone debieran ser de niñas. Yo quería todo negro, hasta mi recamara.
Hasta la universidad pude comprarme finalmente toda la ropa negra que yo quería, me gustaba más, me hacia sentir mala al caminar, y me sentia identificada con los greñudos intelectuales del edificio de Diseño. El vestir de ese color me convertía en uno de ellos.
Cuando empecé a trabajar, pensé que me vería mas ejecutiva si usaba negro, me sentía mas elegante que con las blusitas de florecitas rosas que usaban algunas compañeras.
Así me seguí hasta que un día me di cuenta que toda mi ropa era negra, toda: pantalones, vestidos, faldas, mayas, pants, tenis, zapatillas, flats, sacos, abrigos, gorras, bras, panties, todo.
Y es que yo pienso que me queda bien, si soy blanca y mi cabello es oscuro, y aparte me pongo ropa negra, todo el conjunto da un aire de misterio que me encanta. Asi nadie sabe que hay en el back.
Años y años después, engorde, mucho, muchisimo, entonces a comprar tallas extras large en color negro. Según yo era perfecto para disimular los 15 kilos de mas.
Aparte de todo, cada vez que salia a comprar ropa, me dirigia sin pensarlo a la zona de “negros”, parecia que siempre andaba con la misma, pero no, les puedo enseñar ahora mismo mi closet y veran como tengo mas de 3 sacos y esas 20 blusas todo en color black.
Cuando empezaron a fastidiarme con eso de que el negro provocaba estados de animo “indeseables” intente usar otros colores. Blanco ¡ñiac! Beige “hueva”; Azul “lindo”, no es para mi; Gris ¡aburrido!. Amarillo ¿Qué diablos dices?.
¿Que tal ese minivestido negro para mis zapatos nuevos?
No pude, creía que si usaba otro color sencillamente no era yo.
Ahora me encuentro en terrible indesición, tantos años conviviendo en ausencia de color y de pronto veo mi ropa en las mañanas y ya noquiero ponermela.
Este sábado me compre una playera de manga larga lila. Llegue a mi casa y la puse sobre el sillón, la estuve viendo toda la tarde y un rato por la noche.
Al otro día me la probé y anduve un rato por la casa, decidí salir con ella al centro comercial, camine un rato y me quede parada en la esquina para que me diera el sol con mi outfit lila. Me gustaba que el cabello se me viera mas oscuro, y la gente pasaba y me volteaba a ver. Pensé “me veo super bien”
Pasee toda la tarde y la gente me seguía con la mirada. Decidí que el lila en adelante iba a ser “el color”. No había duda.
Cuando llegue a mi casa fui a verme al espejo, me di la vuelta, y ahí fue que me di cuenta que no le había quitado la etiqueta a la playera, se veía la marca y el precio colgando de mi espalda.
De todas formas, todavía no puedo explicar porque me compre un dildo negro.
Es difícil pensar en rosa, cuando generalmente el negro ocupa mis pensamientos.
Cuando uno acostumbra ver todo con grandes nubes negras sobre la cabeza, esperando que en cualquier momento caiga la tormenta, se acostumbra a traer paraguas y un sexy rompevientos.
Y es que a veces, la mayoría de las veces, desde que tengo memoria, yo trato, de verdad que trato. Pero casi siempre me gana, por más que quiero no hacerlo, se me viene encima y cuando me doy cuenta ya esta aquí. Y me trata a su antojo, como los vencedores tratan a sus vencidos. Me veo envuelta entre tantos soldados, y no se como luchar con ellos.
Durante todos estos años, pocos han sido los que han querido acompañarme en las derrotas, esos pocos notan como al final, aunque sea por momentos, logro liberarme, y puedo ser la más normal, feliz y complaciente con ellos.
Pero son los pocos. Cuando empiezan conmigo, intrigados por el misterio, se quedan esperando encontrar lo que tanto les atrae. Pero cuando entreven lo que en realidad sucede, salen huyendo, aburridos de las mismascrisis o alarmados temiendo cargar con eso toda la vida.
Y es que trato, de verdad que trato, pero me resisto a pedir aliados, pensando que aceptarlos es aceptar lo que pasa. Así que aguanto, hasta que me invaden, hasta que con ojos entrecerrados le huyo a la realidad, y me sumerjo en los sueños, deseando no despertar más.
Hoy, me sorprendí caminando, entre en un impulso a que me peinaran. Salí de ahí consentida, sacudía el cabello mientras caminaba, y entonces note que esta vez, por olvidar el tratar, no me di cuenta que no te necesito más.
Tuve, como la mayoría de las personas dos abuelas, mi preferida era mi abuelita Cuca. Cuando era niña me hacia feliz visitar a alguien tan dulce como los chocolates con pan que nos preparaba. Me llenaba de besos los cachetes y por las tardes me contaba historias de cuando era niña.
Pero crecí y las visitas a su casa con mis papás me fueron pareciendo cada vez menos interesantes y opte por ir a otros lugares. Cada vez la vi menos, cuando regrese después de muchos años, mi abue Cuca se había vuelto una de esa viejitas que todo mundo anda paseando, pero que dejaban relegada en una silla sin que nadie conversara con ella, refiriéndose a ella a gritos, en tonos pausados como si no entendiera, eso me dio mucha tristeza. Me fui a sentar con ella, la salude como siempre y le pedí que me contara una historia de cuando era niña, sus ojos le brillaron y comenzó a platicarme de cómo se escapaba para ir a cortar manzanas a los árboles.
Regrese con ella un tiempo y después un Tío se la llevo a su casa y ya no pude visitarla.
A pesar de que duro bastante tiempo enferma, también les dio mucha batalla a mis tios y murió hasta que tuvo 89 años, esos últimos ya no reconocía a nadie, y las veces que la fui a ver solo sonreía cuando me veia, su sonrisa dulce.
En cambio los últimos días de Cuca ya no quise ir a verla. Su rostro que ya anunciaba su final, se había vuelto demacrado, los ojos hundidos y una expresión perdida en el infinito que no quise volver a ver. Me fui a mi casa pensando lo terrible que era ver como se transformaba esa cara que para mi siempre había sido dulce y toda ternura.
Esa noche me acosté temprano con mi marido hablando de cuestiones de trabajo, él se quedo dormido al poco tiempo ya mi el sueño me hacia entrecerrar los ojos, pero de pronto la oscuridad y mis pensamientos se vieron interrumpidos por una luz que salio por debajo de la puerta, me asuste pensando como se había prendido, en ese momento se comenzó a abrir la puerta lentamente, aterrorizada no pude mas que taparme un poco mas con las cobijas, la puerta se siguió abriendo enmarcada con el trasfondo de la luz entro lentamente Cuca.
Yo podría imaginarme a mi abuelita de todas las maneras, pero de fantasma o muerta viviente nunca. Lentamente se fue aproximando a mi cama, y en efecto, ni en eso me decepciono, cuando se sentó en la orilla de mi cama, su rostro tenía la misma sonrisa dulce y tranquila que yo recordaba de cuando era niña. Me vio unos instantes y levanto una mano para señalar al que estaba acostado conmigo, sin hablar me lanzo una mirada de interrogación.
Como si yo supiera lo que quería, le aclare:
.-No abuelita, él no es mi papá, él esta en su casa.
Ella asintió, me volvió a ver con inmensa tranquilidad, se levanto y se fue.
Vi como la luz del pasillo se apago otra vez y no recuerdo cuando el corazón dejo de latirme porque el sueño me hizo cerrar los ojos y quedarme profundamente dormida.
Me despertó el teléfono y saque el brazo de mis sabanas calientitas para tomar la bocina. Era mi mamá:
.-Hija, te aviso que tu abuelita Cuca ya descanso, murió ayer por la noche.