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28 jun 2009

Por el Oxxo

Paranoia, will destroy you
Jamiroquai



—Se lo digo en serio, oficial, yo no soy cómplice...
—Pero qué terco eres. Ya vimos la grabación y se ve claramente que pasas en tu coche cuatro veces antes del asalto, de seguro para revisar que no hubiera vigilancia.
—Sí, sí es mi coche...
—Pues claro que es tu coche, pendejo. A poco me vas a salir con la pendejada que sí es tu carro pero que te lo robaron y que con ése asaltaron la tienda.
—No se burle, oficial.
—Me burlo cuando quiera y de quien quiera, pendejo.
—Lo que quiero decir es que sí es mi coche, sí soy yo manejando, pero yo no robé el Oxxo, de verdad.

El Gordo, el oficial de policía que detuvo a Gonzalo tras el asalto al Oxxo, le arroja el resto de su café al detenido en la cara. Gonzalo, bastante asustado, llora de rabia.

—Ya, cabrón, admite que tú y tus pinches amigos asaltaron el Oxxo.
—Que no... que yo no lo hice, yo no sé quién chingados asaltó el Oxxo, yo sólo iba a llegar a comprar unos cigarros y unas cervezas... chingado.
—Aquí no vengas a decir “chingado”, porque te lleva la chingada... y, con una chingada, ¡Confiesa, hijo de la chingada!— la voz del Gordo resonó en aquél cuarto especial para detenidos, que no era más que un cuarto con una mesa, dos sillas, un bote de basura (sin nada dentro) rodeado de basura.

Gonzalo no hace más que pensar en que en este momento estaría escuchando música y tomando cervezas con Mariana, una amiga con la que se quedó de ver en su departamento para poner música. Pero sólo piensa, porque la cita era a las 8:30 de la noche. Ya son las 11:00.

—De verdad, oficial, yo sí pasé cuatro veces por el Oxxo, pero cuando me decidí a entrar, salió el cajero a decir que los habían asaltado y de repente llegó la policía.
—Ahora me vas a salir con estuviste en el lugar equivocado a la hora equivocada.
—Sí, mi oficial.
—A ver, mi recabrón, explícame por qué chingados pasaste cuatro veces por el Oxxo sin entrar.
—Es que le tengo miedo a los Oxxos... y no nomás a los Oxxos, también a los Sevens, a los Jotaves y a todas las tiendas como esas.
—Y cómo chingados es que le tienes miedo a los Oxxos, explícame eso que de verdad no me queda claro.
—Es que hace años iba entrando a uno cuando lo estaban asaltando, y pues que me agarran y me asaltan a mí también. Desde entonces no me gusta ir a esas tiendas. Las primeras tres veces no me animé a entrar porque había gente sospechosa, gente que pudiera asaltar la tienda... o a mí. Esa es la razón, oficial.

El Gordo se le queda viendo con una sonrisa, incrédula, a Gonzalo. Gonzalo piensa que ya se ganó al obeso oficial y que pronto saldrá y le llamará a Mariana para explicarle todo. Pero el Gordo interrumpe:

—Ni madres pendejo, a poco crees que me voy a creer tu pinche cuento. Aquí te quedas. Y más vale que me pases los nombres y domicilios de tus amigos, porque esto va para largo— el Gordo toma de los cabellos a Gonzalo y lo saca del “cuarto de interrogación”.

Lo trasladan a una celda en donde hay más detenidos. Gonzalo se sienta en el piso. Piensa que debió de llegar desde la primera vez al Oxxo. También piensa que lo más prudente habría sido evitar los Oxxos y comprar las cervezas en la tienda de la esquina. Pero también piensa que en esas tiendas las ratas orinan sobre las latas. Y que no invitó a Mariana a un bar porque los meseros no se lavan las manos y escupen dentro de las cervezas. Piensa que lo mejor es estar encerrado en la cárcel alejado de todas esas situaciones, aunque luego ve a uno de sus compañeros de celda... quien tal vez es un violador.

26 jun 2009

No me gusta...

Paranoia. Enfermedad mental en la que el individuo presenta delirios, regularmente de grandeza y persecución, y que generan un temor muy grande y una gran desconfianza hacia los demás.

* * * * *

La puerta sonaba por cuarta vez en el día.

Y por cuarta vez he ido a refugiarme al cuarto. Cuando era niño y mi padre llegaba borracho a golpear a mi madre, entendí que el miedo no era cosa fácil. Todo empezó, creo yo, con el trabajo. ¿A quién no le gusta tener trabajo?

A mí por lo menos, me bajaron la luna y las estrellas.

- ¡¡Ay René!! ¿Por qué lo sacas tan brusco?
- No mames ¿y si te embarazo? ¡Aunque te cuides puedes quedar!

Siempre he pecado de precavido: cuando me he acostado con alguien, me he venido afuera para evitar complicaciones, y aún así he hecho que las mujeres tomen una píldora anticonceptiva.

¡No puedo embarazar a alguien! ¡NO! ¡Perdería mi libertad!

Suena la puerta. Me agazapo.

Ahora comprendo que mi libertad la he perdido de cualquier forma.

En el trabajo no es muy diferente. Mantengo la distancia. Sólo de vez en cuando le tiro la onda a Paty, la secretaria. Sueños guajiros. Mi desconfianza incluso aplica hacia a ella.

Para llenar el vacío, trate de hacerme de cosas materiales: el auto, los muebles, la tele, las garras, todo cuanto fuera para poder ser alguien. Sentirme importante. Ahora que lo pienso, mi existencia dio un giro perverso. De repente llegó el descontrol: borracheras atroces, mujeres insaciables y amigos por conveniencia me dieron al traste. Nunca supe manejarme.

Suena la puerta. Ésta vez, una lágrima corre por mi mejilla. Tiemblo.

Toqué fondo. En el trabajo se dieron cuenta y me despidieron. Por más que he intentado, no he encontrado otro. He recurrido a los amigos, pero me han dado la espalda. Odié. Odié al mundo que me llevó hasta éste punto y que ahora se niega a ayudar. Voy por las calles, y me la paso viendo sobre mi hombro...

¿Me estarán siguiendo? ¡¿Qué quieren de mi?! ¡No tengo trabajo, chingada!

- René ¿estás ahí? –suena una voz familiar.

Lentamente me levanto, y me dirijo a la mirilla. Beto, un vecino mío se asoma. Abro la puerta. No mucho. No vaya a querer pasar.

- Oye cuate, fíjate que llegó un licenciado a dejarme esto. Creo que se equivocó. Te lo dejo, nos vemos.

Primero las deudas. Luego el buró. Después los citatorios.

Deposité el papel junto con el coctel de bufetes jurídicos que había sobre el sofá.

Deber dinero es como ser señalado, estar marcado. El pánico me invade. No quiero salir. No quiero ver a nadie. El mundo me odia y yo a él. Lloro. No me gusta el dinero… No me gusta…

24 jun 2009

Rosa sin aroma.

Entre nuestra banda de amigotes juveniles estaba a quien llamábamos el Isótopo Volador. Era un chico excéntrico que para los quince se había bebido Jalisco, fumado Oaxaca, aspirado Colombia y se conocía a la perfección todas las farmacias y tlapalerías que lo surtían del inequívoco potingue que lo ayudaba a continuar su vuelo entre protones y neutrones de este universo que se le antojaba chico.

Y chico porque el Isótopo Volador ha sido la persona más inteligente que he conocido. Pintaba, tocaba la guitarra y escribía cosas raras de una manera que nos dejaba a todos con el hocico abierto. Eso sí: hablaba poco, muy poco.

En una ocasión me dijo:
—Para mí el problema del nacer no es el filosófico, sino el problema más real de todos: el del hospedaje.
Puse mi mejor cara de pendejo, la que uso en bautizos, primeras comuniones y cenas de facultad, y me quedé callado.
Después de mucho entendí, y tenía razón: el problema más grande al que nos enfrentamos no es al de saber a dónde vamos o de dónde venimos, sino la maldita monserga de tener que buscar dónde albergar nuestros huesos en el espacio por un muy jodido tiempo.

Pero pasó el tiempo y tuvimos que cambiarle de apodo al Isótopo Volador, pues de pronto comenzó a actuar extraño: ¿demasiado solvente en el café mañanero?, nos preguntamos. Carajo, ¡ya no hacen las anfetaminas como antes!, gritamos a coro. Ahora era de menos palabras y a todo contestaba de la misma manera:
—¡Te estás drogando demasiado, cabrón! —lo regañábamos. Y contestaba:
—¡Paranoia!...
O si preguntábamos:
—¿Fuiste al concierto del Tri? —nos respondía con lo mismo:
—¡Paranoia!...
Si yo le decía:
—¿Traes dinero que me prestes?
—¡Paranoia!...
Así que no fue difícil ponerle su nuevo apodo: el Paranoias.

La última vez que vi al Paranoias se me quedó viendo como nunca, me puso la mano en el hombro y me dijo:
—Vi una rosa y quise olerla, pero tuve miedo de dejarla sin aroma.
Después se fue arrastrando los pies.
Me imagino que ahora forma parte de alguna gran conspiración, para hacerle honor a su apodo.

23 jun 2009

Fiel copia

Ha pasado por mi al trabajo cada martes, dice que es bueno que tengamos un día a la semana para vernos, me espera a que salga y después caminamos como siempre hasta el cafecito, me pregunta como si de verdad le interesara como me ha ido en el trabajo, que si he hecho nuevos amigos, gasta sus palabras haciéndome saber lo bien que le fue con el nuevo proyecto y espera mi sonrisa aprobatoria, se esfuerza pidiendo el latte que sabe es mi preferido, paga la cuenta para de inmediato voltear y verme con tremenda cara de satisfacción.
Piensa que yo no me doy cuenta, pero cada vez que conversamos me mira tan atento que solo yo noto como se roba mis pensamientos, me sorprende que sabiéndome tan listo no haya sido capaz de deducir que ya lo había descubierto, interrogándome cada vez de cómo hago las cosas, para hacerlas después él paso a paso, fiel copia de mi, quizás intentando superarme y ser mejor.
Esta tarde lo he sorprendido, me he adelantado y sabiendo que me quedaría solo en la oficina, le pedí que pasara a revisar mi último diseño, sabía que se sentiría tan halagado de pedirle su opinión no se iba a negar.
Ahora me pregunto ¿que haría él en mi lugar? ¿Como resolvería la situación tratando de ser como y mejor que yo? Como deshacerme de su cuerpo y sobre todo…¿le cerraré de una vez los ojos?, siento que me mira y quizás adivine que no se como hacerlo.

22 jun 2009

Perseguido.

Ponga su mente en un blanco total que no refleje otra cosa que no sea tranquilidad, la completa ausencia de cualquier cosa  a excepción del silencio, todo es tan apacible, ahora vierta unos cuantos cubos de pintura negra sobre su mente y tendrá un vacio increíble pero igual de tranquilo, esa es la idea, continuando con el ejercicio ponga en el centro del vacío una plataforma de una fina madera iluminada con una luz ambiental de la cual usted desconoce la fuente, solo puede ver la superficie de madera fina con un brillo como pocas veces ha visto. En el centro de la plataforma, sitúe un banco metálico esperando por un ocupante, justo cuando usted se pregunta quien ocupará dicho lugar unos pasos combinados con el sonido de lo que parece ser un bastón se logran percibir a lo lejos, y es eminente que se acercan.  El señor Rich también será producto de su imaginación, imagine a un hombre de cabello y  barba canosos, elegante y usando un bastón cuyo mango es la cabeza de un león bañado en oro, póngale una voz exquisita y dispóngase a escuchar, que la historia de hoy será contada por él.

Cuenta una fábula que un día el cólera entró a una ciudad y le dijo a su amigo que iba matar 50,000 personas.  Luego de hacer su trabajo salió de la  ciudad y los periódicos informaban que habían muerto 100,000.  El amigo del cólera le preguntó:

-¿No dijiste que ibas a matar 50,000 personas? ¿porque mataste 100,000? 

 A lo que el cólera contestó: 

-Efectivamente yo maté 50,000, los otras 50,000 murieron de miedo.  

Y es así como el temor y el miedo están destruyendo la salud física, mental y espiritual de la gente.

Hablamos de realidad, mis amigos, por el conjunto de hechos y eventos sean buenos o malos que experimentamos a lo largo de nuestras vidas, creemos ciegamente en que llevamos o al menos intentamos llevar un ritmo de vida apegado a la moral y las buenas costumbres, satanizando a todo aquello que parezca caer fuera de lo creíble sin tomar en cuenta siquiera premisa alguna. Probablemente esto sea un error garrafal por parte de muchas personas.

José era solo un pez más en el mar de burócratas de aquel edificio, llevaba poco más de 2 décadas laborando en el mismo lugar, en el mismo escritorio de metal ya amarillo por el paso de los años.  Desde sus comienzos había visto pasar por su escritorio un par de máquinas de escribir Olivetti, y desde hace un par de años había sustituido la última por una Compaq presario en color negro y gabinete de media torre. Había cambiado el que a su gusto era un exquisito sonido provocado por las teclas por algo más artificial, moderno e insípido.

La metodología del trabajo de José había cambiado un poco, de generar reportes con datos mecanografiados, preparación de sobres postales y su posterior envío, ahora solo tenía que capturar algunos datos en ese estúpido teclado silencioso, abrir su correo electrónico, adjuntar un documento y presionar el botón de enviar, hacía eso quizás poco más de 100 veces durante el día, y sentía que su vida se iba poco a poco en cada uno de esos correos electrónicos.

Probablemente era el único que presentaba molestias ante el nuevo esquema de trabajo, todos los demás estaban felices por la incorporación del dispositivo que iba robando periódicamente el calificativo de caja idiota a la televisión, más aún cuando tenían acceso a internet lo que representaba una fuente de entretenimiento casi infinita.

El gusto duró poco porque los directivos mandaron poner  filtros para bloquear las distracciones en la carretera de la información, medida tomada a partir de una sugerencia de José, pero con un par de chavales diestros en eso de las computadoras el problema quedó resuelto.

Pronto la mayoría de los empleados  disfrutaban de la bondad de un ancho de banda lento pero suficiente como para actualizar sus perfiles en las distintas redes sociales a las que pertenecían.

De repente se dejaba ver un tumulto de personas alrededor de un escritorio, leyendo una presentación en powerpoint y riéndose hacia adentro para no llamar tanto la atención,  José se acerco lentamente para ver el motivo del tumulto y al darse cuenta grito lo siguiente.

-Los jefes cometieron un error en meter estas estúpidas máquinas, ahora ustedes se distraen mucho y el trabajo no sale a tiempo ¡Dejen de perder el tiempo en esas pendejadas y pónganse a trabajar!

Todos se quedaron desconcertados ante semejante muestra de ira, cabizbajos regresaron a sus lugares y se pusieron a trabajar, no sin antes checar sigilosamente sus perfiles en busca de nuevos comentarios.

Todos entendían que José se había vuelto un viejo amargado desde que las computadoras entraron a la oficina, alguna vez argumentó que se sentía inseguro de tener información en su computadora por aquello de que es posible que alguna persona pudiera ingresar a ella y obtenerla fácilmente pero el pináculo del problema ocurrió cuando los medios mismos ventilaban la teoría de que secuestradores seleccionaban a sus víctimas tras ver sus perfiles en comunidades virtuales.

Al otro día se podía ver a José por entre los escritorios dejando propaganda que el mismo había hecho para incitar a dejar de usar las famosas redes sociales.

Un día cuando José se fue a comer sus compañeros de trabajo quisieron gastarle una broma, abrieron una cuenta de myspace con su nombre y lo llenaron con datos ficticios, fotomontajes cachondos y agregaron a tantos contactos como pudieron, ninguno de ellos imagino la terrible consecuencia que esto tendría.

Cuando José llego y vio lo que su navegador le mostraba musitó algo inentendible y agachó la cabeza, después de eso apagó su computadora de botonazo, se puso de pie y se marchó sin decir nada. Nada de nada.

Al principio todo eran risas y chistes, decían que quizás había ido a comprar una computadora para su casa y estar siempre conectado a myspace haciendo ciber novias a diestra y siniestra, sin embargo todo cambió después de que el jefe de departamento preguntó si alguien sabía algo de José.

-En más de 20 años había faltado solo una vez por medio día, para asistir al entierro de su esposa, esto es por demás extraño.

Alguien que en teoría tenía al menos cierta relación laboral con él fue a buscarlo a su casa por orden del jefe de departamento, pero este no obtuvo respuesta alguna a los llamados a su puerta. Preguntó a los vecinos y estos dijeron que no sabían nada, pero que hace algunos días habían escuchado algunos gritos.

El jefe de departamento dio parte a la policía de esto y de inmediato enviaron a una patrulla con instrucciones para irrumpir en la propiedad de José y buscar alguna pista que facilitara el paradero del mismo.

Cuando los policías entraron a la casa de José un horrible hedor les golpeo la cara, poco faltaba para que fuera visible,  con mano cubriendo nariz y boca y con una linterna en la otra se adentraron en la casa, las paredes tenían leyendas con lo que parecía ser sangre.

Lárguense de aquí

Dejen de seguirme

¿Porque yo?

Callen ese maldito ruido

Ya están aquí

Llegaron a lo que parecía ser la habitación de José donde el olor era aún más insoportable, su ventana estaba cubierta con cartones, muchos cartones y su cama estaba llena de ropa.

Los oficiales, por instinto se dirigieron al closet, ahí hicieron el macabro hallazgo.

-¡Su puta madre!

Exclamaron mientras veían el cuerpo de José en posición fetal con una expresión de miedo en el rostro y el cuerpo lleno de cortadas.

Suicidio, decía el reporte policiaco, pero en los alrededores las malas lenguas decían que había muerto de miedo. De pinchi miedo.