22 ene. 2009

Love seat

Siempre que me preguntan de mi niñez, respondo que fui una niña bastante tranquila. Nunca di problemas y las veces en que mi trasero estuvo en riesgo por alguna travesura las puedo contar con los dedos de una mano. Era una enana solitaria e introvertida que aprendió a leer y a escribir desde antes de ingresar al preescolar, auxiliada por mi hermana mayor quien seguía la fina tradición familiar de joder al más pequeño de la especie.

La casa que recuerdo fue la primera propiedad de mis padres. Pequeña y cálida, era una mansión comparada con las vecindades donde mis otros hermanos habían dado sus primeros pasos. Teníamos un pino y una pequeña palmera que mi padre trajo de su pueblo natal, San Ignacio, el paraíso de los huevones bajacalifornianos, según las leyendas locales.

Había pocos muebles, pero el que siempre está en mi memoria es aquel sillón café de dos plazas. Tenía una hendidura que delataba sus muchas mudanzas, pues como un animal viejo era trasladado pesadamente a cada nuevo domicilio. Muchas veces absorbió mis lágrimas: recuerdo que me tiraba sobre él a llorar desconsolada, con mi uniforme verde del preescolar. No quería ir. Odiaba tanto tener que dejar mi casa y caminar media hora hasta la institución llena de escuincles llorones que no sabían contar, escribir o siquiera pronunciar bien su nombre cuando eran interrogados por la maestra, esa mujer de mediana edad, blanca y con cabello corto que aún se acuerda de mi. Pero sobre todo odiaba al auxiliar de la clase: un tipo delgado y solitario, que al verme en el patio me decía que era una niña hermosa y bien portada, que todas deberían ser como yo y me sentaba a su lado.

Cuando se llegaba la hora de ir a la escuela me entraba un ataque de pánico terrible. Sabía lo que me esperaba pero no tenía el valor de gritárselo al mundo, de buscar el auxilio de mi padre, quien aunque pudiera matar a diez hombres por tenerme a salvo, en esta ocasión no atinaría más que a consolarme. Por esa razón, solo me tiraba a llorar como enajenada sobre el sillón café, oliendo el polvo acumulado durante días, sintiendo el rasposo terciopelo en mis tiernas y húmedas mejillas.

Hace poco le reclamé a mi madre. Nunca me dijiste nada, fue su estúpida respuesta. ¿Nunca? ¿Y mis ojos hinchados no eran una señal? Chingadamadre, si nunca lloraba mas que en esos momentos creo que algo andaba mal. Pero usted jamás admitiría un error, la señora perfecta, la dama que estaba atenta de sus hijas y las quería por sobre todas las cosas y atendía cada detalle de nuestra vida.

¿Pues sabe que? No. Usted fue la causa de uno de mis grandes traumas de la infancia: aún la recuerdo con ese cepillo rojo en mano, jalando mi corto cabello café para reunir la mitad de él a escasos dos dedos de mi frente. Parecía pinche Dodo con ese peinado de mierda. Pero te veías re-bonita peinada como palmerita. Por eso ando greñuda por la vida.

5 comentarios:

SexTypeThing dijo...

jajaj eso me recuerda una foto del messenger basntante chingona

Générique dijo...

¡Uff! No el mejor de los recuerdos ¿eh?

Espero que, al menos, ese tardío reclamo sea catársis y punto final, que los viejos fantasmas de otros tiempos no te persigan más.

Y si te gusta ir greñuda por la vida ¡bien! Anda como mejor te plazca.



¡Sonríe!

MauVenom dijo...

Yo odiaba la escuela. La odiaba verdaderamente fue una tortura que duró años, de hecho, ya que lo menciono, mi infancia completa no fue algo que repetiría jamás. A mí el hecho de depender de la voluntad de los demás me aterroriza. Por otro lado los padres viven en su mundo, aún cuando intenten estar al pendiente de ti su mundo ocupa más espacio y entre tanto pueden ocurrir mil cosas en tu vida y ellos ni en cuenta. O quizá si se dan cuenta pero prefieren pensar que no.

Pues no es un buen recuerdo el tuyo evidentemente pero al menos puedes estar conciente de él y enojarte al respecto. Es como liberarlo.

NTQVCA dijo...

Uy, pobrecita!, tambien odiaba que me peinaran, prefería traer el cabello corto.
Me gusto lo que escribiste, pero se me hizo muy triste.

Jolie: dijo...

Msista! ya sabia yo que seriamos como brujas (por greñudas) ,, trauma infantil o mera coincidencia? jjjaja